Si las palabras fueran otra cosa,

algo que alimentara
sin darnos la razón o enloquecernos,
y no pesaran tanto,
y no fuera preciso
andar midiendo siempre,
sopesando
quién sabe qué opiniones,
la vida algunos días sería diferente.

Más calesita antigua,
más columpio o pizarra
y menos crucigrama
o acertijo
que nadie nos resuelve.
La vida algunos días sería solamente
las ganas de besar o de abrazarse
de un modo necesario
e imprudente,
los sueños bien despiertos,
las horas de pensarte.

(Poema recortado de otra vida posible).