Vaquero




Si hace unos días la película de Wenders sobre Pina Bausch nos recordaba lo mejor de la vida en el arte, hoy Vaquero, de Juan Minujín, nos muestra el lado oscuro del ser actor. El absurdo que impera en un trabajo de por sí delirante donde nada es proporcional ni consecuente. El éxito no es proporcional al trabajo, el talento no guarda la menor relación con el reconocimiento, el reconocimiento no garantiza plata, la fama no exige talento... Quizá todo es poco menos que un estúpido azar que se persigue sin tregua ni sentido. Nadie sabe. Minujín nos muestra ese jodido monólogo interior con el que uno pelea. Esa voz en off que nos da la razón del modo más estúpido, cuando menos nos conviene.


Situaciones siempre fragmentadas. La vida como un eterno rodaje donde las tomas nunca salen bien a la primera. Personas convertidas en personajes para defender ese nombre que tanto les ha costado encumbrar. El miedo como compañero. Miedo a que no llamen hoy, a que no llamen de nuevo, a que no llamen más. A no llegar a tiempo. A no ser o tener lo que hace falta. No saber qué hace falta. No saber qué se quiere. No saber porqué mierda uno elige ser actor y no vivir en cualquier otro infierno posible.

Bueno. Todo eso forma parte. Lo reconocemos como propio. Y Minujín logra que nos ríamos de nosotros mismos así que cómo no recomendarla. Vayan. Sufran. Y pasénla bárbaro. Como la vida misma.