La guerra de los caramelos

Me resigno a pensar que hemos perdido la guerra de los caramelos en las salas, pero últimamente no hemos asistido a una sola función que no se haya visto afectada por una o dos excursiones al bolso o bolsillo de algún espectador impune que no pareciera darse cuenta de que los actores, esas PERSONAS que están ahí a tan escasos metros, tienen sentido del oído y sufren y padecen las distracciones de un ruido perpetuado - en ocasiones con un sadismo de varios minutos - en la platea. Por no hablar de la terrible tensión que se genera entre todos los que comparten esos escasos metros cuadrados con el idiota en cuestión (sí, qué terrible insultar, qué falta de respeto por mi parte, no me jodan!!!).

Rara vez esos caramelitos de mierda aparecen para rescatar una garganta dolorida de la que hayamos podido compadecernos unos segundos en un previo ataque de tos, así que entendemos que la gente mata la gula, los nervios o el aburrimiento en ese gesto tan fuera de lugar.

Señoras y señores, si su nivel de azúcar no puede soportar sesenta minutos sin la ingesta de un dulce, no vayan al teatro, o busquen al menos ALGO QUE NO HAGA RUIDO!!! No sirven de nada sus patéticos intentos por desenvolver el puto papelito lentamente!!! ¿No se dan cuenta de que su lentitud prolonga el malestar general en los que le rodean? ¿Qué parte no se entiende? ¿Qué clase de sentido común no les acompaña?

Si a esta práctica estúpida le sumamos el sempiterno problema de los celulares la cosa se pone fea. ¿Qué hacemos?

Creo que actores y directores debieran establecer un pacto tácito en el que cada vez que sean víctimas de semejante falta de respeto, la función se detenga. Que todo quede ahí, en un STOP sostenido, hasta que pelotudo de turno termine con sus porquerías. Otra medida sería contar con un puntero laser de esos rojos que permita que algún asistente de sala acose al sujeto en cuestión mientras dure su estropicio. Supongo que si asumen que esas pueden ser las consecuencias se lo pensarán dos veces antes de saciar sus enfermizas ganas de salivar o de responder un mensaje de texto más!!!

Esperemos que algún devorador de caramelos llegue a estas líneas y se lo piense dos veces la próxima vez.

Algo es algo.