Ahora, escribo,

"Mi Japón es un Japón de libros, dice Cees Nooteboom ante la tumba fotografiada de Junichiro Tanizaki. Y a mí me entristece observar que sólo somos capaces de necesitar siempre, necesitar inexplicablemente, decir algo. Y que luego, cuando todo lo que hacemos nos agrede, cuando las estructuras de los gigantes que hemos construido no nos sirven para (...) verlo todo distinto, cuando lo poco que intuíamos que era cierto se escurre, no sabemos a qué asirnos. Y no tenemos abosolutamente nada Piedra: nada que nos parezca real.
Disculpe, ¿es usted Samuel Beckett?
A veces.
Y escuchamos esa frase, decimos "qué increíble respuesta" (...), fascinados con el ingenio del escritor irlandés pero sin oír la tristeza, la soledad o la desesperación que se esconden debajo de cada una de las palabras del mundo.
El dolor que no sabemos decirnos.
No Escuchar La Muerte.
Dejar a Samuel Beckett solo.
Y a nosotros sin él.
Y querer desaparecer ante la absoluta evidencia de la inutilidad final de la palabra, de la arbitrariedad pasajera del lenguaje, de los trucos falsos y pretenciosos del arte.
De la soberbia, la complacencia, la mentira".

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"Volveré a encontrar el camino exacto que me lleve hasta los demás. Volveré a reconocer este mundo en este mundo. Y entonces tal vez, entonces incluso, entonces literariamente, seré capaz de contarme qué ha sucedido".

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"En estos días aprendo, de nuevo, a caminar. Aunque tengo la sensación de que mi pierna de guayaba y mantequilla no será capaz de sujetarme.
Que en cualquier momento puedo, sin que nadie se dé cuenta, derretirme.
Desaparecer.
Que hay algo esencial que desconozco y que esto me hace escribir con convicción, que olvido: o ele uve i de o".

Lolita Bosch, Ahora, escribo, ed. Periférica, Cáceres, 2011.