Entendiendo a Paul

Qué loca y perra vida esta que permite que una mañana cualquiera, vos, que siempre fuiste incondicional de Lennon, te levantes un día entendiendo a McCartney. Y sí, es la historia más vieja del mundo, claro, pero hay que enfrentarse cara a cara a una Yoko cualquiera para darse cuenta de que Paul por ahí tenía sus razones, y que debía mirarlo a John, así, como de reojo, y pensar: flaco, todo bien, pero no me jodas, hacete budista, ponete un templo, mandate mudar, pero no te me quedes cerca haciendo más de lo mismo, macho, por lo menos cambiá el rubro, ¿no? Hacete artista plástico, dale, caminen de la mano recolectando mensajitos de esos árboles de papel que tanto le fascinan a ella, pero no te quedes por acá tarareando huevadas, dale. John, no era para tanto, joder, no nos iba tan mal, algo se nos hubiera ocurrido con un poco más de whisky y unas rayas. ¡Somos Lennon & McCartney! ¿Vos te pensás que esto se da todos los días? La puta que te parió, Johnny, no se hacen así las cosas, tío... Qué flor de cagada que te mandaste...

Y sí, Paul tendría sus dolores.
Hay que crecer para reconciliarse con el lado B de todos los discos.