Fotografía en la Fundación Lebenshon

Documentales en el Malba

MES DE JULIO


Jueves a las 18.30 hs.
MARTIN BLASZKO I

(2009, 30’)

Viernes a las 18.30hs.
MARTIN BLASZKO II

(2010, 26’)

Dir. Ignacio Masllorens.


En el Museo de Arte Lationamericano de Buenos Aires.
Avda. Figueroa Alcorta 3415.




Los films Martin Blaszko I y II forman parte de una trilogía que propone una deconstrucción de lo que conocemos como documental tradicional, con cada capítulo haciendo foco en un solo recurso formal.

Martin Blaszko I se organiza a partir de un único plano de entrevista, apenas fragmentado por intertítulos, en donde Blaszko despliega su particular visión sobre diferentes temas como la escultura monumental, la gente del arte o los japoneses.

Martin Blaszko II es un ejercicio sobre los recuerdos. Una investigación documental que se abstiene casi por completo de utilizar imágenes en movimiento y se construye a partir de fotografías en desorden, mientras la omnipresente voz de Blaszko arma un relato a partir de ellas. Un relato cuya unidad -por momentos- parece amenazada por el olvido y la incertidumbre, pero que permite entrever no solo la figura del artista moderno, sino que también constituye una suerte de memoria del siglo XX.

Danza en espacios (II)


Hace unas semanas recomendábamos el ciclo de Danza en espacios. Hoy dejamos algunos fragmentos de una nota publicada en Alternativa Teatral sobre este proyecto porque aunque nuestra experiencia en lo que a la danza se refiere sea casi nula, las cuestiones que plantean las integrantes de este proyecto son preocupaciones con las que nos sentimos plenamente identificados. Ojalá que este espíritu estuviera un poco más presente entre los grupos que deciden mostrar sus trabajos en las salas porteñas.

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(...) "Danza en Espacios surge de una profunda necesidad de crear desde una mirada un poco más abierta, y con la libertad de pensar que el valor está en el proceso de investigación y de creación; que la obra es una instancia más, no es la meta final. Hoy en día es difícil que este tipo de proyectos sean apoyados institucionalmente, entonces uno decide gestionarlos y hacerlos pese a todo. Lentamente se va armando una red y una manera de producir casi sin dinero, tratando de que esa circunstancia no atente contra la calidad del ciclo", nos cuenta Quio Binetti, quien ha sido el alma convocante envalentonada por lo bien que le ha ido a otro pequeño evento que organiza (Ciclo Noches de Butoh). Binetti agrega: "El espacio de la danza 'experimental' hoy en día es un lugar muy chiquito, recortado de la escena."

Ruth Pezet, miembro del equipo, quiere ser más explícita y confiesa: "...entre algunas cosas que me dan ganas de que sucedan, está que las cosas exploten, de forma espontánea, sin tanto juicio, sin tanta inteligencia políticamente correcta, con más amor y menos ‘cara de poster'. (...)
"La primera idea fue trabajar en espacios reducidos. Estos últimos tiempos he visto varias obras que trabajaban un espacio limitado dentro del espacio escénico. Una especie de recorte poético. Esta idea me interesa: crear un espacio dentro de otro espacio. Al mismo tiempo, los que probamos estas fórmulas y estrategias diversas, debemos hacer un gran esfuerzo para llegar al público, para generar una movida. Nuevamente tratamos de crear un espacio dentro de otro espacio, apoyándonos de manera conjunta entre creadores. (...) Queremos plantear las problemáticas estéticas y de gestión que estamos pensando aquí en Capital Federal, en otros lugares del país donde podamos enriquecernos mutuamente".

(...) Valeria Martínez, habla concretamente sobre el proyecto y de lo que es capaz de generar: "Éste es un proyecto que recién comienza y hay mucho camino por andar, pero para mí tiene el atractivo particular de ser una investigación profunda, al mismo tiempo que una posibilidad de hacer, producir, comunicar y compartir esto que vamos descubriendo en el andar. Como dos tiempos paralelos. Hemos leído mucho, intercambiado mucho... (...)

Ruth sigue con sus reflexiones en voz alta: "Me he preguntado si quiero seguir mostrando cosas en este contexto de la escena porteña, me refiero, por ejemplo, a lo difícil que se vuelve que la gente te vaya a ver... (...)  Siento que son siempre los mismos nombres a quienes se va a ver, quienes reciben ayuda, quienes tienen prensa... (...) Creo que se pierde de vista lo importante que es consumir arte y ver de todo, no sólo lo que estoy segura de que me gustará, porque siempre es enriquecedor. (...) Entonces me pregunto, muchas veces, si tengo ganas de mostrar en este marco, y me resulta un poco violento, sumado a que las salas te cobran un montón, también las salas de ensayo te cobran un montón. Para difundir también tenés que invertir un montón. ¡Nooo!, ¡Así no!¡Solo no se puede! Juntos hacemos fuerza, juntos pero distintos, juntos vos con tu universo increíble y yo con mis cosas. Así me dan ganas de seguir adelante. Con este ciclo me pasó que el haber conocido otras formas de trabajar, de moverse, otras miradas, compartir esa energía diversa me dio mucha alegría, me renovó en lo personal y en lo profesional. (...)

Más información en: http://www.danzaenespacios.blogspot.com/
Nota completa en: http://www.alternativateatral.com/nota477-una-danza-intensa

Nosotros

Y por último, un día nos decidimos a partir.
Tenemos equipajes y algún papel en el bolsillo con anotaciones minúsculas;
un número de teléfono al que no llamaremos jamás,
el nombre de unas píldoras para dormir o no dormir,
el relámpago muerto de algún poema.

Tenemos equipajes con ropa y máquina de afeitar y algunos de nosotros
botellas de coñac o perfume o aceite para el sol
y libros sagrados y de álgebra y de ciencia ficción,
tenemos treinta años y padecemos todos, cada uno según su necesidad,
humo y amor y redes y violencias, sed de verdad, insomnio y desesperación,
y hemos sacado algunas conclusiones.

(En la ciudad inmensa cada uno cavó su guarida,
acumuló sus propiedades, sus olvidos, su oposición a la muerte.
Cada uno disfrutó de derrumbes y papeles en blanco,
lloró de rabia ante las cajas fuertes del tiempo,
firmó con mil imágenes de Dios pactos después desconocidos,
creyó en todo,
abrió sus brazos, tomó vino, contó dinero, acarició, supuso
librarse bien, salvarse, haber hallado cómplices para la gran reunión en la sala principal de la cueva
para el acuerdo universal del que saldría limpio e inocente.
Pero no hubo al fin más que carozos y cenizas y botellas vacías.

Queda la noche, sin embargo,
la noche abierta a los pequeños ensayos de fuga ya los pequeños abismos,
el fondo de la noche donde tampoco habrá solución
porque igualmente se lo habrán montado, se lo habrán repartido sin concederle siquiera que tuvo algo que ver, que él puso algo de su parte también; algo de buena voluntad, de asombro, de inocencia y no tan sólo su cara de extraño.

En la comisaría lo apalean por gritar en la calle
que el suyo es un horrible país, y en el casino
le prohíben la entrada porque ven en sus ojos
el fuego inconfundible de los videntes.

La mañana está lejos, de cualquier manera:
puede durar un poco más esta frágil tregua nocturna
antes del sol y el ruido de las máquinas y la pobreza mental.

Entra en el bar y mira aquella mesa:
ella por fin ha vuelto.
Afuera ha comenzado la lluvia,
y melancólicamente
los dos conversan de su amor de diez años atrás.

Después se encuentra solo en el filo despiadado del amanecer.
En la puerta de un sótano la música de Charlie Parker
lo atropella en su fuga hacia las estrellas afiebradas
y siente que ya sabe hasta su última mentira.

En su cabeza brilla una bella ecuación
pero a los camaradas no les sirve
para cambiar el mundo.
Los bares del olvido están cerrados para siempre,
no tiene donde estar y la lucidez se paga sabiéndolo.)

Todos perdidos en la noche y roídos por innumerables agravios,
todos equivocados y autores de desastres irreparables,
todos dementes y llagados y llenos de bichos y de confusión,
ustedes, yo, nosotros, mis amigos difíciles, cazadores de lejanos poemas
sobre la gran llanura marcada por el rayo.
 
Raúl Gustavo Aguirre (Bs. As. 1927 -1983).

La historia del cine de Madame Zilensky



Some like it hot.
Dir. Billy Wilder. 1959. Con: J.Lemmon, T. Curtis & M. Monroe.

El jodido inspector de salas teatrales

Entre los muchos absurdos trabajos inventados desde el operativo estatal para ejercer un raro paternalismo autoritario muy fuera de lugar, en algún momento post Cromañón aparecieron las siniestras figuras de los inspectores de teatros. No se sabe cuántos son, ni qué cursillo de fin de semana polivalente sobre leyes, medidas de seguridad, higiene, educación sexual y / o cómo ser bombero sin ver nunca un fuego... han tomado estos señores, señoras o señoritas. Se desconoce cuál es su formación, su sueldo, de quién son amigos o con quién se han acostado para pegar el laburo. Lo cierto es que existen.

Todos los que conocen a alguien con una sala de teatro saben cómo se manejan. Para empezar, como si de una redada a delincuentes se tratara, aparecen sin previo aviso, lo que implica, por ejemplo, que no encuentren a nadie y los citen obligatoriamente - sin que su vida importe - como si ya se hubiera fallado en algo por el mero hecho de no estar 24hs. al día en el lugar de trabajo. Atenderles en el momento supone que la actividad cotidiana de ese espacio se interrumpa para que estos sujetos puedan ver las instalaciones y comprobar que todo cumpla "la ley". Algunos caen con esa ley bajo el brazo y cuando se quiere razonar con ellos, rebuscan en la letra pequeña sus razones para estar ahí diciéndote a vos cómo debe ser las cosas.

Han llegado a querer interrumpir funciones y seguro que alguno lo ha conseguido. Dan por sentado que su trabajo es mucho más importante que el de las salas y los grupos de teatro. No tienen ni idea de lo que hay detrás de una función para veinte espectadores. Muchos de esos espacios se manejan en unas dimensiones mínimas y una infraestructura ajustadísima y el detener una función o suspenderla sólo porque un inspector se niega a esperar a que termine para cumplir con su grandísimo deber de chupatintas no sólo es una enorme falta de respeto si no una meada muy fuera del tiesto.

Estos supuestos inspectores del Gobierno de la Ciudad aseguran estar ahí para que se cumplan las normas pero, sobre todo, para que no se repita otro Cromañón. Todas las salas de teatro - algunas mucho más que otras, ojo. (¿Pasan por el San Martín estos señores?) - son absurdamente examinadas con lupa a la luz de aquella desgracia. No se tienen en cuenta las muchas diferencias y se menosprecia el sentido común de los ciudadanos. Somos todos tan idiotas que necesitamos que nos rescaten de nosotros mismos, de nuestra necesidad de acudir al teatro.

Los supuestos inspectores no hacen otra cosa que buscar "lo que no funciona". De más está decir que según los señores o las señoras que caigan al lugar la ley varía. Ninguno la conoce realmente, mucho depende de su ánimo y nada del sentido común porque brilla por su ausencia.

Cada pequeña sala de teatro es un mundo y cada una debería ser visitada con respeto, atención y cuidado. Mejor sería que se planteran su trabajo menos como una manera de proteger a la gente - nadie quiere superhéroes - y más como un modo de ayudar a que los reductos de interés cultural se mantengan. Por mucho que se quieran unificar criterios legalmente, todos sabemos que la excepción se impone y cada caso debiera ser único. Sabemos que esto es imposible, no somos ingenuos. Nos gustaría contar, simplemente, con un poco de respeto. No somos delincuentes por mucho que ustedes lo piensen.

¿Alguien se acuerda de aquella temporada en la que todas las salas se vieron obligadas a instalar máquinas expendedoras de preservativos en sus baños? Nunca se supo quién se inventó el negocio pero el chiste les costó mucho dinero a los teatros. Muchos incluso las compraron y ahí están ahora como un recuerdo absurdo del capricho de algún hijodeputa con gran despacho que, sin duda, hizo el negocio. Esperemos que la próxima vez que el Estado se preocupe por nuestra vida sexual sea para regalar condones, anticonceptivos y aprobar el aborto, por ejemplo.

Queridas salas, no parece que se pueda hacer gran cosa. Sigan luchando por habilitarse. Ahorren desde ya para la inevitable coima en el camino y sigan comprando extintores a la salud de todos.

Señores inspectores, dejénse de joder y encuentren un laburo de verdad. ¿Por qué no toman un cursillo para ser inspector del transporte público? Eso sí que sería ayudar a los ciudadanos.

Clases magistrales sobre la creación del texto teatral

Durante julio y agosto tendrá lugar en el Malba una serie de conferencias sobre dramaturgia impartidas por nombres más que interesantes, entre otros Pavlovsky, Monti y Kartun. Parece que uno puede inscribirse para asistir a un sólo encuentro, cuatro clases o todo el ciclo. Para agendar.

Más información con horarios, invitados, temas a tratar y aranceles en:
http://www.malba.org.ar/web/t1registro.php?id=987&subseccion=cursos
http://www.escenasur.com.ar/

Data entry...

Sin querer desanimar a nadie, para que siga constando en acta nomás. Según el registro de novedades de Alternativa Teatral (donde lógicamente no estarán todas), quitando algún evento acá y allá, en lo que va de junio - y aún no es 20 - se han estrenado más de 130 producciones. Sí, ya sé que vienen pisando fuerte los infantiles, que se acercan las vacaciones de invierno, pero igual, el frío que nos viene es otro.

Y a seguir.

¿?

Apuntes para volverse a ver

Es la obra con la que se estrena el actor Gonzalo Ruiz como dramaturgo y director. ¿Y qué hay tras ese título poético? En primer lugar, uno de esos trabajos independientes del off que nos recuerdan como pueden ser las cosas cuando el entusiasmo, el oficio, la honestidad y el compromiso están presentes. No es fácil encontrar todos esos ingredientes juntos y, como público, se agradece infinitamente el interés puesto en algo personal tratado con mimo para hacerlo universal.

La historia: Tres niños crecieron juntos. Una mujer, Babila, los unió y los separó con la llegada de un cuarto niño. O quizá no, no fue eso, no fue sólo eso, nada está muy claro, nada fue tan sencillo. Años después se reencuentran en la casa de provincia que un día fue suya para enterrar a la mujer que entrelazó sus destinos. Allí sigue el último de ellos, el cuarto en discordia.

¿Cómo se vuelve a los rincones de la infancia? ¿Qué sucede en esa primera adolescencia que nos cambia para siempre? ¿Cuándo nos convertimos en adultos asustados y llenos de dudas? ¿Sabemos algo de los otros realmente? Apuntes para volverse a ver, nos lleva a reflexionar entre risas y situaciones un tanto bizarras traídas por la noche y unos muy peculiares vecinos del campo, sobre esa rara y reiterada posición en la que todos estamos cuando se trata de entender un pasado compartido. Y nos deja intuir que, aunque nunca se tengan todas las piezas de una historia ni podamos conocer verdaderamente al otro, esos misterios que nos nutren, por más que nos pesen, acaso nos fortalezcan.

Destaca brillantemente la dirección de actores en su conjunto y la cálida y rotunda presencia de Isidoro Tolcachir aportando un muy equilibrado contraste con el joven elenco.

Sin duda, una buena cita para la noche del viernes.

Con: Lorena Barutta, Nadia Marchione, Alejandro Lifschitz, Agustin Scalise e Isidoro Tolcachir.
Escenografía: Sol Soto.
Iluminación: Omar Possemato.
Fotografía y diseño: Guadalupe Ruiz.
Asistente de dirección: Maria Florencia Savtchouk.
Dramaturgia y dirección: Gonzalo Ruiz.

Viernes, 23.30 en Timbre 4. Boedo 640.
Reservas en: www.alternativateatral.com y www.timbre4.com.

Saramago (16 de noviembre de 1922 - 18 de junio de 2010)

Escribo para comprender, y desearía que el lector hiciera lo mismo, es decir, que leyera para comprender. ¿Comprender qué? No para comprender en la línea que yo estoy tratando de hacerlo; él tiene sus propios motivos y razones para comprender algo, pero ese algo lo determina él. Lo que no quiero es que se quede en la superficie de la página. Cuando alguien está en una lectura y levanta la mirada como si estuviera aprendiendo con mucho más intensidad lo que acaba de leer, es el momento en el que ese alguien está totalmente involucrado, como si pensara: esto es mío, esto tiene que ver conmigo. Uno saca de la lectura lo que necesita.


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Si alguien considera que el pasado está muerto es un poco tonto. El pasado nunca está muerto por una razón muy sencilla porque nosotros somos pasado, estamos hechos de pasado, no estamos hechos de presente, que realmente no existe, ni de futuro, que no sabemos lo que es. El pasado continúa en cada uno de los hombres, en la lengua, en la cultura, en la historia, en las costumbres. Todo eso es el pasado.
 
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Y yo pregunto a los economistas políticos, a los moralistas, si ya han calculado el número de individuos que es necesario condenar a la miseria, al trabajo desproporcionado, a la desmoralización, a la infamia, a la ignorancia crapulosa, a la desgracia invencible, a la penuria absoluta, para producir un rico.
 
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Los hay que se pasan toda la vida leyendo sin haber llegado nunca a ir más allá de la lectura, se quedan pegados a la página, no se dan cuenta que las palabras no son más que piedras puestas para atravesar la corriente de un río, si están es para que podamos llegar a la otra ribera, la otra ribera es lo que cuenta, Si no es que, Si no es que qué, Si no es que estos ríos no tienen dos riberas, sino muchas, que cada persona que lee es, ella misma, su propia ribera, y que es suya, sólo de ella, la ribera donde habrá que llegar.
 
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http://www.saramago.blogspot.com/

A favor del matrimonio entre católicos

El Radar de esta semana trajo esta perla:

Estoy completamente a favor de permitir el matrimonio entre católicos. Me parece una injusticia y un error tratar de impedírselo.

El catolicismo no es una enfermedad. Los católicos, pese a que a muchos no les gusten o les parezcan extraños, son personas normales y deben poseer los mismos derechos que los demás, como si fueran, por ejemplo, informáticos u homosexuales.

Soy consciente de que muchos comportamientos y rasgos de carácter de las personas católicas, como su actitud casi enfermiza hacia el sexo, pueden parecernos extraños a los demás. Sé que incluso, a veces, podrían esgrimirse argumentos de salubridad pública, como su peligroso y deliberado rechazo a los preservativos. Sé también que muchas de sus costumbres, como la exhibición pública de imágenes de torturados, pueden incomodar a algunos. Pero esto, además de ser más una imagen mediática que una realidad, no es razón para impedirles el ejercicio del matrimonio.

Algunos podrían argumentar que un matrimonio entre católicos no es un matrimonio real, porque para ellos es un ritual y un precepto religioso ante su dios, en lugar de una unión entre dos personas. También, dado que los hijos fuera del matrimonio están gravemente condenados por la Iglesia, algunos podrían considerar que permitir que los católicos se casen incrementará el número de matrimonios por “el qué dirán” o por la simple búsqueda de sexo (prohibido por su religión fuera del matrimonio), incrementando con ello la violencia en el hogar y las familias desestructuradas. Pero hay que recordar que esto no es algo que ocurra sólo en las familias católicas y que, dado que no podemos meternos en la cabeza de los demás, no debemos juzgar sus motivaciones.

Por otro lado, el decir que eso no es matrimonio y que debería ser llamado de otra forma no es más que una manera un tanto ruin de desviar el debate a cuestiones semánticas que no vienen al caso: aunque sea entre católicos, un matrimonio es un matrimonio, y una familia es una familia.

Y con esta alusión a la familia paso a otro tema candente sobre el que mi opinión, espero, no resulte demasiado radical: también estoy a favor de permitir que los católicos adopten hijos.

Algunos se escandalizarán ante una afirmación de este tipo. Es probable que alguno responda con exclamaciones del tipo “¿Católicos adoptando hijos? ¡Esos niños podrían hacerse católicos!”.

Veo ese tipo de críticas y respondo: si bien es cierto que los hijos de católicos tienen mucha mayor probabilidad de convertirse a su vez en católicos (al contrario que, por ejemplo, ocurre en la informática o la homosexualidad), ya he argumentado antes que los católicos son personas como los demás.

Pese a las opiniones de algunos y a los indicios, no hay pruebas evidentes de que unos padres católicos estén peor preparados para educar a un hijo, ni de que el ambiente religiosamente sesgado de un hogar católico sea una influencia negativa para el niño. Además, los tribunales de adopción juzgan cada caso individualmente, y es precisamente su labor determinar la idoneidad de los padres.

En definitiva, y pese a las opiniones de algunos sectores, creo que debería permitírseles también a los católicos tanto el matrimonio como la adopción.

Exactamente igual que a los informáticos y a los homosexuales.

Este apoyo al matrimonio entre católicos circula por Internet y gana adhesiones que se cuentan de a cientos.

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-6234-2010-06-15.html

El Pont flotant en Buenos Aires

La compañía valenciana El pont flotant dará cuatro únicas funciones de Como piedras en Timbre 4.
Fechas: 27/06 16hs. 30/06 20 y 22hs. y 04/07 16hs.
Acá queda este clip como presentación de la obra. Nos vemos allí.
Informes y entradas en: http://www.timbre4.com/


A propósito de clásicos



Tropezamos con esto: Pauls entrevistando a Llinás acerca de Historias extraordinarias. ¿Todavía no la vieron? Busquen, busquen por ahí. Es una de esas experiencias que no va a dejarte indeferente. Y toda una lección sobre la construcción de trama y personajes y el uso de la palabra.

Alabanza a la papa



Fragmento de Alabanza a la papa, un clásico entre los documentales apócrifos argentos.
Responsables: I. Masllorens y A. Mendilaharzu.

Fallos en el motor

Allá lejos y hace tiempo una excelente profesora de teatro nos preguntaba cuál era nuestro motor vital, qué cosa nos hacía levantarnos cada día como si algo de todo este entuerto mereciera la pena. Durante mucho tiempo creí tener mi respuesta a salvo. Eran tiempos mejores. Tiempos de blanco y negro, de pocas dudas, de mucha tontería relevante y más vino que rosas. Éramos trágicos, desmedidos e infelices y nos gustaba serlo.

No sé cuánto ha cambiado desde entonces. Es difícil medirlo. Ahora todo es más gris, escaso, plano, y acaso nos agotan nuestras dudas antes de la batalla. Cada vez más seguido nos tienta el abandono, el desaliento... Se persigue una idea de ARTE que acaso ya no exista, una exigencia antigua que nos hace estar fuera de lugar, pedir peras al olmo, quedarnos con la bronca, querer prenderle fuego.

Por supuesto, "la culpa es de uno cuando no enamora" pero "el infierno son los otros".

Hoy sí, hoy también es un día de esos en los que cerraría el kiosko para abrir una mercería. Por ejemplo. Pero supongo que mañana se cerrará esta puerta para abrir otra puñetera ventana.

Lo que sé. Dennis Hopper (1936 - 2010)

Debería haber muerto diez veces. He pensado mucho en eso. Es un absoluto milagro que yo siga por acá.
A pesar de todas las drogas que consumí, yo fui en realidad un alcohólico. En serio: sólo tomaba cocaína para poder ponerme sobrio y seguir tomando. Mis últimos cinco años de bebida fueron una pesadilla. Me tomaba dos litros de ron, 28 cervezas por día, y tres gramos de coca para poder seguir andando. Y creía que me estaba yendo bien sólo porque no estaba arrastrándome borracho por el suelo.

(...) Yo crecí en el Dust Bowl (la pradera americana llamada así en los años ’30 por las tormentas de polvo) y la primera luz que vi fue la de una sala de cine. Mi abuela llenaba su delantal de huevos y caminábamos unos cuantos kilómetros hasta Dodge City. Una vez ahí, ella vendía los huevos y comprábamos entradas para el cine.

Cuando filmé Rebelde sin causa, venía de interpretar Shakespeare en el viejo Globe Theater de San Diego. Tenía 18 años y creía que era el mejor actor del mundo. Y entonces lo vi a James Dean. Fue el mejor actor que vi jamás. Estaba tan avanzado... Yo estaba haciendo lecturas de líneas y gestos, y él vivía en el momento. Yo quería saber qué era eso que él hacía. Y me dijo: “Simplemente empezá a hacer las cosas, no las muestres. Fumá el cigarrillo, no actúes como si fumaras un cigarrillo. Tomate el trago, no hagas como que tomás el trago”. De alguna manera todo empezó ahí. (...)

Sam Peckinpah era un tirano. Pero cuando uno está en un set, como solía decir Henry Hathaway, “eso era charla de sobremesa, muchacho, charla de sobremesa. ¡Ahora estamos haciendo películas!”. Cuando estabas en el set, se convertía en algo diferente. Hathaway era un gran tipo para ir a cenar con él. Peckinpah también era maravilloso para pasar el rato. Pero a la hora de filmar, eran tiranos. Y ésa era la manera en que funcionaba y ésa es la manera, muy honestamente, en que debe ser. Si no les tenías respeto, eran capaces de asustarte hasta que lo tuvieras. (...)

Cuando hice Terciopelo azul acababa de salir de rehabilitación, llevaba sobrio menos de un mes. Entonces hice ese papel, y de ahí pasé a interpretar un papel de alcohólico en Hoosiers, y luego hice de dealer en River’s Edge. Esas fueron mis tres primeras películas estando sobrio. Lo llamé a David Lynch y le dije: “Hiciste lo correcto al elegirme, porque yo soy Frank Booth”.

Hacer Super Mario Bros fue una verdadera pesadilla. Cuando la vio mi hijo, que tenía 6 o 7 años, me dijo: “Papá, creo que probablemente sos un muy buen actor, pero ¿por qué interpretaste a King Koopa? Es un tipo muy malo, ¿por qué quisiste interpretarlo?” Le dije: “Bueno, para que puedas tener zapatos”. Y él me dijo: “No necesito zapatos”. (...)

Soy tan sólo un chico de clase media que creció en una granja en Dodge City, y mis abuelos sembraban trigo. Para mí la pintura, la actuación, la dirección y la fotografía eran todo parte de la experiencia de ser un artista. E hice mi dinero de esa manera. Y me divertí un poco. No ha sido una mala vida.

Nota completa en: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-6216-2010-06-08.html


"loveisallayouneed"
Beatles & Liniers

Homenaje a Pavlovsky


Del 24 al 27 de junio en el Centro Cultural de la Cooperación se celebrarán varios eventos relacionados con la figura de Pavlovsky.

Información completa sobre las actividades en:


Mi bohemia

madruga, madruga y madruga,
y poco dios la ayuda.

Ha de llevar los niños a la escuela,
debe ir a la oficina,
pasar por el mercado,
leer varios capítulos,
comer algo deprisa,
llamarte por teléfono,
pedir nuevas disculpas.

Debe pensar preguntas
y no tener respuestas
que le cierren,
debe barrer la sala,
limpiar de nuevo el baño,
pedir hora al dentista,
quemar el calendario.

Mi bohemia madruga, madruga
y poco dios la ayuda.

Ha de llegar a clase,
ahorrar en materiales,
buscar una pintura,
llamar a la abuelita,
pelearse,
pagar nuevas facturas,
contentarse.

Mi bohemia madruga, madruga
y poco dios la ayuda.

Debe sentirse bien
pese al olvido,
escribir una carta,
pedir cambio en el banco,
tomarse otro café,
seguir soñando
con esas tonterías.

Mi bohemia madruga, madruga
y poco dios la ayuda.

Ha de lavar la ropa,
comprarse unos zapatos,
llegar a fin de mes,
estar en seis ensayos,
dormir sólo en domingo,
emborracharse,
querer seguir en pie.

Mi bohemia madruga, madruga
...

Bienvenidos

El músico y muchas cosas más, Guillermo Airoldi y la artista plástica y muchas otras cosas, María Elisa Luna, más conocidos como Guille y la Negra, están regresando a Buenos Aires después de su personal, intensa y animadísima odisea a través de América Latina. Salieron de por acá hace cosa de año y medio y, por suerte para todos, regresan con sus talentos, su buen hacer y su mejor humor. El sábado ya están de fiesta celebrándose como buenos hijos pródigos.


Podéis ver fotos de su viaje de aprendizaje en http://www.lacruzaditaporlatinoamerica.blogspot.com/
y como presentación de su trabajo os remitimos a: http://www.mariaelisaluna.blogspot.com/ y http://www.myspace.com/guilleairoldi

Nuevos espacios para la creación en Boedo y Almagro

Pese a las infinitas dificultades que la burocracia impone y la gran responsabilidad que conlleva el tener un espacio abierto al público, contra viento y marea, cada vez son más los creadores teatrales decididos a tener su sitio. Si ya Virginia Woolf reivindicaba la necesidad de tener un cuarto propio a la hora de escribir, no cabe duda de que el hecho teatral que implica un trabajo en grupo, el descubrimiento y la transformación de lo que nos rodea y una gran generosidad en el uso de todos los recursos al alcance, se desarrollará con mayor libertad, compromiso y continuidad cuando tiene lugar entre cuatro paredes que considerar propias.
El Clarín de hoy publica la siguiente nota al respecto, donde se habla de las experiencias de Inés Saavedra, Daniel Veronese, Lisandro Rodríguez y Claudio Tolcachir entre otros. Todos ellos directores que convirtieron su casa en sala de teatro.


El caso de Tolcachir es uno de los más interesantes. Los que vieron nacer Timbre 4, la sala ubicada al fondo de un PH en Boedo donde se estrenaron éxitos del off como Jamón del Diablo o La omisión de la familia Coleman, han visto como su casa crecía imparable en estos años, no sólo por la continuidad de producciones apoyadas por una afluencia de público donde el boca a boca funciona como moneda de cambio, si no también por el fructífero desarrollo de una escuela de actores que hoy se encuentra entre las más importantes de la ciudad. Por si fuera poco, como adelántabamos hace un tiempo, Timbre 4 se ha expandido sin cambiar de barrio, en la misma cuadra, ahora sobre la calle México. Los fundadores de teatro descubrieron allí una antigua fábrica de muebles que dos años después está abriendo sus puertas como nuevo espacio: una sala para ciento ochenta espectores, nuevas aulas e incluso un bar restaurante en el que, entre otras cosas, están aún presentes varios de los bancos de carpintero de la fábrica, restaurados como mesas. Todo está listo para recibirnos, de hecho, los primeros espectadores ya pudieron ver el pasado fin de semana La omisión... con una puesta sutil y eficazmente modificada para esta nueva sala, su segunda casa en Buenos Aires después de año y medio de gira internacional.

La web http://www.timbre4.com/ ofrece información sobre la escuela, el teatro y próximos estrenos.


Otro barrio próximo que está de enhorabuena es Almagro. En breve abrirá sus puertas La Carpintería Teatro, sí, otra carpintería convertida en teatro. Las jóvenes emprendedoras de esta hazaña son las actrices Gabriela Irueta, Alejandra Carpineti y Sol Tester. Las tres, casualidad o no, antiguas alumnas de Timbre 4.

La inauguración está prevista para el 8 de junio y el lugar funcionará también como centro docente y generador de creaciones propias. Cuenta con una sala para ciento diez espectadores y las obras programadas son la mejor tarjeta de presentación y habla muy bien de la juventud de su equipo directivo. Estarán en cartel: Nada del amor me produce envidia de Diego Lerman, Mi vida después de Lola Arias, Todo de Rafael Spregelburd y, dando lugar a nuevas dramaturgas, estrenarán Vanina Montes con Voces en la bruma y Verónica López Olivera y Corazones Salvajes.

Su web: http://www.lacarpinteriateatro.com.ar/

No dejen de conocer ambos lugares. Seguro que encontrarán más de una razón para volver.

Timbre 4, con sede en Boedo 640 y México 3554.
La Carpintería Teatro, Jean Jaures 858.

La forma de la literatura

Michael Ondaatje no duda en definir la novela como "un espejo camino abajo".
La definición del cuento de V. S. Prichett tiene que ver con "aquello que intuimos por los bordes de la mirada, como al pasar".

Raymond Carver aseguró que, para escribir una novela, el escritor debería vivir en un mundo que tuviera algún sentido, un mundo "en el que pudiera creer". Raymond Carver, claro, escribía cuentos.

Philip k. Dick - quien supo habitar un mundo propio e increíble y sin el menor sentido - escribió novelas que parecían cuentos y cuentos que parecían novelas, porque "el cuento habla sobre un asesinato y la novela habla sobre el asesino"- Philip K. Dick murió asegurando a sus íntimos que había alcanzado la habilidad de comunicarse con el apóstol Pablo y que había conseguido matar a un gato con la sola fuerza de su mente.

Pero, ah, nada de esto es del todo cierto.

Nada es tan fácil a la hora de las definiciones, porque siempre van a aparecer posibilidades alternativas, distintas facetas de una misma historia a la hora de intentar percibir la forma de la literatura.

Novela y Cuento - por ejemplo - son la hija y el hijo de un muy buen amigo de Forma.

Novela - la mayor - es larga como La Guerra y la Paz, tiene trece años de edad y ya alberga en su cuerpo la posibilidad de una trama inolvidable, que a Forma le gustaría leer algún día si no estuviera penado por la ley y las buenas costumbres.

Cada vez que Forma va a visitarlos, Novela se sienta al lado, no lo deja solo ni un segundo y no para de contarle un capítulo tras otro acerca del perfecto desprecio que siente por Cuento, su hermanito de ocho años.

- Yo soy mejor que vos - le dice Novela a Cuento - Yo soy más grande, enano inmundo.

Entonces Cuento la mira con su mejor cara de enigmático pez banana y le contesta hablando muy despacio y sin perder ni un centímetro de su sonrisita sin-zen-tido.

- Sí, pero yo soy mucho más completo y contundente. Yo soy práctico y funcional. Yo empiezo, transcurro y termino y no dejo lugar a dudas. Es más, yo soy mucho más fácil de contar y mucho más difícil de escribir.

- El gran Gatsby, El cazador oculto, A sangre fría, El sueño de los héroes, Fiesta, Falconer... - sonríe Novela.

- "Babilonia revisitada", "Para Esmé con Amor y Sordidez", "Miriam", "Los milagros no se Recueperan", "El Gran Río de los Dos Corazones", "El marido rural"... - sonríe Cuento.

Hasta ahí llega el tenso intercambio de palabras. Novela se arroja entonces sobre Cuento con todas sus uñas. Cuento lanza patadas como si fueran adjetivos esdrújulos y Forma tiene que meterse entre los dos, simulando que le preocupa el daño que puedan hacerse y sabiendo perfectamente que son mucho más resistentes que él, que son casi irrompibles y tan viejos como el tiempo.

La madre de ambos, mientras tanto, viene corriendo desde la cocina para imponerles las leyes de un orden que conoce mucho mejor que el visitante, la eficiente clave de la tregua a toda hostilidad.

Un par de miradas fijas de la madre, como inapelables agujas de reloj, como puñales suspendidos en el aire de la tarde, dicen más que varias páginas de amenazas explícitas y alcanzan para que Cuento y Novela vuelvan a sus respectivos rincones después de haber sido reprimidos y editados.

La madre de Cuento y Novela, la mujer del amigo de Forma, se llama Palabra y está embarazada.

Esa misma tarde, Novela le confía a Forma que el bebé será una nena y se va a llamar Nouvelle, sin saber que - pocos minutos antes - Cuento se acercó con movimientos de cortesano conjurador para susurrarle a Forma: "Te juro que va a ser un nene y se va a llamar Relato". Tanto Cuento como Novela no pueden sino estallar en carcajadas despectivas cuando Forma les sugiere que el futuro nuevo miembro de la familia pueda llamarse Poesía o Verso.

Cuento y Novela siguen riéndose a carcajadas al caer la noche. El amigo de Forma aún no ha vuelto de quién sabe dónde y Palabra ya comienza a poner los ojos en blanco y a pedirles maldiciones prestadas a todos los demonios del infierno, a todos los libros de la biblioteca.

- Siempre el mismo cuento... la misma novela de siempre... - murmura Palabra después del tercer whisky con todas las luces apagadas.

- Sale temprano de casa porque dice que acá no puede escribir, que no se le ocurre nada. Y, claro, yo me tengo que encargar de todo... de los dos monstruos y de toda la casa, porque el señor ha perdido la inspiración - solloza Palabra casi sin ganas.

Después cierra los ojos, se toca la panza de casi siete meses y repite lo mismo una y otra vez, como si fuera un salvavidas, como si fuera un mantra.

- Te vas a llamar Daniela y vas a ser maestra jardinera... Te vas a llamar Sebastián y vas a ser físico nuclear... Te vas a llamar Daniela y... - recita Palabra.

Forma hace que no escucha, pero no puede evitar oír la estampida de Cuento y Novela en los altos de la casa.

Cuento y Novela pateando espejos y degollando muñecas al grito de ¡Había una vez...!, al grito de ¡A ver quién grita más fuerte!
Rodrigo Fresán, Trabajos Manuales, Buenos Aires, Planeta, 1994, pp. 89-92.

Kafka por Bolaño

"Cuenta Canetti en su libro sobre Kafka que el más grande escritor del s. XX comprendió que los dados estaban tirados y que nada le separaba de la escritura el día en que por primera vez escupió sangre. ¿Qué quiero decir cuando digo que ya nada le separaba de la escritura? No lo sé muy bien. Supongo que quiero decir que Kafka comprendía que los viajes, el sexo y los libros son caminos por los que hay que internarse y perderse para volverse a encontrar o para encontrar algo, lo que sea, un libro, un gesto, un objeto perdido, para encontrar cualquier cosa, tal vez un método, con suerte: lo nuevo, lo que siempre ha estado ahí".


R. Bolaño, El gaucho insufrible, Anagrama, Barcelona, 2003, p. 158.

Ser o no ser un creador

Fragmentos de un artículo así titulado de Eduardo Stupía publicado en Adn Cultura hace ya dos años.

Hoy, en plena época de revisión y trastocamiento absoluto de todos los estatutos del arte, la categoría de “artista” (...) permanece allí, incolumne, disimulada o indisimuladamente solemne en un contexto de la mayor secularizad, con su carga de trascendencia. Todavía, quienes creen saberse no artistas contemplan a los que presuntamente lo son con explícita o tímida reverencia, e incluso habrá quién (…) crea detectar en el artista una esencia singular, una plusvalía que exceda la mera definición técnica o sociológica.

(…) Lo que parece haber crecido en el Producto Bruto Mundial no son tantos las obras de arte, sino los artistas, probablemente debido a las extraordinarias facilidades tecnológicas al alcance de cualquiera y, consecuentemente, a la multiplicación exponencial de instancias críticas y fenómenos que legitiman todo tipo de experimentos con nuevas normas de institucionalidad y legibilidad estética. Y, además, porque los artistas, verdaderos o falsos, han asumido con notable ductilidad mediática, la necesidad de disimular el oropel. NO BASTA CON SER ARTISTA, también hay que no parecerlo. (…)

Hoy por hoy, el mundo y el arte se parecen cada vez más, y en consecuencia, ya casi no habría porqué insistir en linear la diferencia entre artistas y “civiles”. Sin embargo, (…) la noción de jerarquía artística persiste, y ser artista también es actuar como artista. Y no meramente ante las exigencias de la escena pública, donde muchas veces la construcción del artista-personaje, es más importante que la obra, cuando no la obra misma, sino en el ámbito del estudio; allí el espejo puede eventualmente devolvernos nuestra propia imagen de artista simulacro. Pero un buen día se cae y, en forma fugaz, vemos el rostro desnudo de nuestra expresión “artística”. (…) Una repentina crisis de conciencia entre la pretensión y las limitaciones, entre la aptitud constructiva y la importancia y la mudez. (…) Ser artista es cualquier cosa menos eso que creíamos que era.

La Nación, 20 septiembre de 2008.

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