Enero

Enero es un mes enrarecido y enrarecedor que nos deja a todos cansados, atontados, asustados, repletos de vacíos existenciales y pausas estrambóticas que no se justifican. Es un mes montaña que trepar sólo para asomarse desde arriba y, una vez allí, ver poca cosa, negarse a rastrear el horizonte por las dudas de que lo más temido vaya a hacerse realidad. También es un mes lago en el que flotar a la deriva dejando que el cuerpo nos descanse y la mente se expanda como microuniverso condenado a extinción tarde o temprano. Enero es un mes de mentira. Un perverso domingo que a veces se camufla y nos distrae, que nos lleva y nos pone, nos quita, nos arrastra, seduce y encandila... para nada. (Por suerte, del "para nada" nos damos cuenta lejos, allá en la primavera).

Es un mes que extrañaremos en medio del camino, cuando no demos más, cuando querramos irnos a cualquier otra parte y otra vida.