Incordios reiterados

Entre este y aquel lado del charco, concretamente entre España y Argentina, reaparece una y otra vez una canción entonada con distintas melodías pero letra casi idéntica, esa charla tan cíclica y viciosa como eterna, sobre el devenir de los creadores, las ventajas y desventajas de las subvenciones que marchitan el arte anticipadamente, las ventajas y desventajas de mal vivir a costa de "otra cosa" pero poder mantener como objetivo íntimo y final las inquietudes creativas de uno sea en el rubro que sea...

Unos y otros nos damos cabezazos contra el mismo muro. ¿Hay que pasarlas putas para hacer algo digno? ¿Si lo que hago es un trabajo cultural y el Estado apoya y necesita a la cultura por qué no llego a fin de mes con lo que hago? Porque hablamos de eso, de lograr vivir haciendo lo que nos gusta, no pretendemos hacernos ricos. Esa es otra. Otra realidad y otro camino.

(Ah, que vos estás en ese, que das vueltas por estos barrios esperando que suene la flauta, ya. Bueno, que te den, no hablo por vos, no me interesas, me molestas).

No hay consuelo para todos ni respuesta digna. Recomendamos la experiencia del viaje, el contacto con los profesionales, los estudiantes, los advenedizos, los que pasaban y se quedaron, los que la pegaron, los que consiguieron hacerse un nombre y ahora viven del cuento, los que luchan por el prestigio del rechazo sólo para felicitarse por ser un genio incomprendido, los funcionarios del arte, sus traficantes, sus putas y sus chulos. Los hay acá, allá y en todos lados.

Hay que viajar y comparar, por más odioso y triste que sea el recurso. Sólo así uno puede volver a elegir su camino puteando a conciencia, jodido y radiante.