La lectura, lugar de encuentro.

La fundacion Mempo Giardinelli celebró una vez más el Foro Internacional por el Fomento del libro y la lectura. Ya son catorce los años dedicados a esta hazaña quijotesca. Acá os dejó algunos fragmentos del discurso de inauguración dado por Giardinelli. Podéis encontrarlo completo en la web de su organización: http://www.fundamgiardinelli.org.ar/

Sobre el foro y su contexto, en el Radar de esta semana, tenemos este interesante artículo de Guillermo Saccomano.
www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-5519-2009-08-31.html


(...) Hace algunas semanas, de visita familiar en México, pasé por la más importante librería de aquel país y, en la mera puerta me encontré con este lema precioso: "¡Sálvese quien lea!"
Y ahí nomás me acordé de otro lema que escuché o leí, también en México, hace muchos años, y que alguna vez estuve tentado de que fuese el lema de nuestra Fundación: "Ojos que no leen, corazón que no siente".

Ya se dan cuenta ustedes, desde luego, de que lo que estoy tratando de decir es que la LECTURA es un asunto mucho más complejo, arduo, sofisticado y hasta traicionero que lo que aparenta… De donde el encuentro con la lectura, en las páginas de los libros o en cualquier texto que se nos cruce, puede perfectamente cambiar nuestras vidas, nuestros destinos. Hasta ese punto el encuentro con la lectura es misterioso e imprevisible. Porque no se trata sólo de deletrear un texto, o desentenderlo como tantas veces sucede, o abandonarlo en el acto para dejarse llevar por la tele facilonga, ésa que todo lo miente y a la que sin embargo la inmensa mayoría de los argentinos le cree, y se ríe, y atiende absurdamente mientras come, como si este fuese un país de personajes de Rabelais.(...)

Y también hay que admitir —y deben saberlo ante todo los maestros— que cualquiera puede hacer leer, y eso es lo mejor de todo. Cualquiera puede hacer leer. Y entonces cualquiera puede y debe constituirse en promotor de la lectura, porque leer es sencillo, y estimulante, y sano, y barato, y fácil, y hermoso, y no tiene ningún sentido encerrar la lectura en claustros que —como sucede con la literatura argentina— son sólo eso: claustros. Encerramientos. Saberes conventuales, monásticos, y por ende elitistas, de pocos y para pocos. (...)

Hoy, cuando el modelo neoliberal amenaza con regresar, ahora más astuto y sofisticado que en la década pasada cuando nos rifaron la Patria, conviene recordar todo esto. Porque nunca vamos a estar de acuerdo con la rentabilidad escolar, ni con ecuaciones económicas aplicadas a la Educación, ni con "salidas laborales" y otras patrañas como la supuesta "nueva cultura del trabajo" que sólo buscan hacer de nuestros estudiantes futuros clientes, consumidores, números, y no personas con saber y un claro sentido humanista de conocimiento universal, que de ahí viene el vocablo "universidad".

Está muy bien toda la insistencia y toda la preceptiva, pero lo primero es leer. Y la mejor estrategia es de una sencillez abrumadora: a leer se empieza leyendo. Para leer, señoras y señores, simplemente hay que leer.

M. Giardinelli.

Hoy tocó cal

Hoy es un día de esos en los que desearía dedicarme a cualquier otra cosa.

¿Han estado aquí?

Un mundo sin arte estaría ciego en sí mismo.














Estaría encerrado entre los límites de las reglas simplistas. Por eso, cuando surgen, los totalitarismos censuran, prohiben y queman. De este modo logran separar la mirada del pensamiento, del sueño, de la memoria y de la expresión de las diferencias. La tierra en la que nacen los artistas.
Este vocablo, que más que definirlos los califica, suscita mohines y comentarios. Cuánto más noble es el Arte, mayúsculo, elemental y bello, tanto más el artista es minúsculo, objeto de desdén y, a menudo, de rechazo. Y es que, con demasiada frecuencia, el fondo ha sido borrado por la forma. (...) Algunos ingenuos y muchos malévolos toman la parte por el todo, el disfraz por la obra de arte, y olvidan (o ignoran) que el hábito sólo cuenta lo que es: una apariencia. (...)

Hoy, Picasso, Apollinaire, Modigliani, Cendrars y Soutine no estarían en París. Se les habría arrojado lejos del Sena. Al español por consumo de drogas, al italo-polaco por encubrimiento, al italiano por escándalo en la vía pública, al suizo por robo en escaparate, al ruso por miseria crónica y mendicidad apenas disimulada.

Se podrían aportar otras muchas razones. Todas ellas demostrarían que los artistas, hoy como ayer, caminan con más frecuencia por los márgenes que por el centro de las avenidas. Pervive en ellos lo que nunca ha dejado de ser y que los hace tan peculiares. Son personas desplazadas. (...)

El artista trabaja solo, no emplea a nadie, carece de profesión. Pintar o escribir no responde a una cuestión de oficio; se trata de una respiración. La herramienta misma es incierta. Si la idea muere, o la propia imaginación, si la mente se queda en blanco, nada ni nadie salvará al hombre asfixiado por el vacío. Y nadie podrá reemplazarlo: la obra de arte es única, al igual que quien la produce.
Dan Franck, Bohemios, Ollero & Ramos, Madrid, 1999. p. 9 y ss.

Coraline

La grotesca y desgraciada distribución cinematográfica nos ha arrebatado Coraline, la mejor película de animación del año. Ha salido directa en DVD como Coraline y la puerta secreta. El director de este pequeño gran prodigio es Henry Selick, el mismo que dirigió Nightmare before Christmas (El extraño mundo de Jack. Sí, la historia es de Burton pero la dirección no y eso marca una diferencia nada menor... Que muchos apreciarán cuando vean ésta).

Este montaje muestra algunas de las hazañas creativas del proceso. Otra encarecida recomendación. No dejen de verla.

Hay que proseguir el ensayo.

No importa que debamos improvisar,
que no haya director
y que la pieza que ensayamos no se estrene nunca.
También la flor es un ensayo,
la palabra es un ensayo,
el silencio es un ensayo,
el amor es un ensayo,
los dioses fueron un ensayo.
Aunque el anfiteatro esté vacío
y nos desnuden las ausencias,
como a la flor la desnuda
el hecho elemental de que todo no sea flor,
que el aire no sea flor,
que la luz no sea flor,
que el tiempo,el pensamiento no sean flor.
Aunque la voz del hombre
esté llena de huecos
o tal vez sea un hueco,
hay que proseguir el ensayo.
Es el único modo
de que al menos los otros ensayos
quizá se estrenen algún día.
Y entonces tal vez ellos nos arrastren.

Roberto Juarroz.
www.robertojuarroz.com

dalmiro.com




Víctimas de la absurda y desproporcionada contaminación de gráficas temerosas, uniformes, aburridas o grotescas, cuando no sencillamente horribles y de pésimo gusto, con las que tropezamos todo el tiempo, hoy nos permitimos el lujo de aproximaros el trabajo de Dalmiro Zantleifer, un ilustrador que hace ya varios años que viene investigando, creciendo y desarrollando su técnica y talento al servicio de la difusión de obras teatrales, si bien, está claro, ésta no es más que una pequeña faceta de una creación que ha ido afianzándose de a poco hacia un muy contundente manejo de los recursos expresivos del color.

Una particularidad destacable de su trabajo es que, cada encargo relacionado con una obra, surge después de una toma de contacto con el proyecto, es decir, no se limita a plasmar una confusa sugerencia del director o la compañía, si no que, tras ver un ensayo y aproximarse a la propuesta estética de la obra, plasma mediante una síntesis enfática, una imagen donde, más allá de la mera anécdota argumental, aparece ya el universo de la obra. Estas virtudes que, a simple vista, pudieran parecer elementales, no abundan entre la oleada de postales, tarjetas, afiches y demás reiteradas presentaciones en papel de las obras de teatro, razón de más para que, al menos, se tomen la molestia de chusmear su producción en http://www.dalmiro.com/ y http://www.quienmatoalaurapalmer.blogspot.com/


Sería agradable encontrar más a menudo tarjetas y programas que merezca la pena rescatar del olvido y llevarse a casa, ¿no?

Bolaño

Érase una vez un niño pobre de Chile. El niño se llamaba Lorenzo, creo, no estoy seguro, y he olvidado su apellido, pero más de uno lo recordará, y le gustaba jugar y subirse a los cables de alta tensión. Un día se subió a uno de estos postes y recibió una descarga tan fuerte que perdió los dos brazos. Se los tuvieron que amputar casi hasta la altura de los hombros. Así que Lorenzo creció en Chile y sin brazos, lo que de por sí hacía su situación bastante desventajosa, pero encima creció en el Chile de Pinochet, lo que convertía cualquier situación desventajosa en desesperada, pero esto no era todo, pues pronto descubrió que era homosexual, lo que convertía la situación desesperada en inconcebible e inenarrable.
Con todos esos condicionantes no fue raro que Lorenzo se hiciera artista. (¿Qué otra cosa podía ser?).

Roberto Bolaño, Estrella distante, Angrama, 1996, Barcelona, p. 81.

FRIN. Un infantil para todos los públicos

Muy buena adaptación teatral de Juan Ruy Cosín sobre las novelas Frin y Lejos de Frin, de Luis María Pescetti. Una puesta en escena tan sencilla como eficaz, un acertado sentido del ritmo y una actuación entrañable y cuidada - alejada del agotador histrionismo en el que abundan los infantiles -, son los recursos en los que se asienta éste más que recomendable trabajo destinado al público infantil, al que se puede acudir con la sana intención de rescatar algo de esa ingenuidad que tanto nos esforzamos en desterrar y sin miedo de sentirse molesto o indignado por la pobreza de contenidos. Todo lo contrario, la disfrutarán.

Argumento: Frin es un chico que vive en un pueblo pequeño, el cual le parece un poco aburrido. Su sensación es que cada día es como una fotocopia del anterior. Lo que más desea es animarse a hablar con Alma, la chica que le gusta hace años. Pero su timidez no le permite ni siquiera acercarse a saludarla. A partir de la llegada de un nuevo compañero, y un profesor bastante particular, Frin descubre un nuevo sentido de la amistad y el amor por la literatura. Conocerá a un nuevo grupo de amigos, vivirán insólitas situaciones, y a partir de la poesía encontrará el amor

AGENDEN: Desde el 6 de septiembre. Domingos a las 17hs, en Timbre 4. Boedo 640. http://www.timbre4.com/

Adaptación y dirección: Juan Ruy Cosín.
Actúan: Horacio Nin Uría, Alejandra Carpineti, Gustavo Pascaner, Gabriela Irueta, Sol Tester, Juan Ruy Cosín.
Imagen de la gráfica: Dalmiro Zantleifer.

Amanece que no es poco

Dos momentos geniales de una película inolvidable.


"En resumen, hemos ganado los de siempre".


"¿Es que no sabe que en este pueblo es verdadera devoción lo que hay por Faulkner?"

Dir. José Luis Cuerda. 1988.
Reparto ejemplar: Luis Ciges, Antonio Resines, Enrique San Francisco, Chus Lampreave, María Isbert y Gabino Diego entre otros.

La envidia innecesaria

Algo que hablamos mucho, que ocupa y nos preocupa demasiado, son los otros. ¿Cómo les va a los otros? Fulano ya da clases, Zutano se la cree, Mengano ha hecho un anuncio abominable, Fulana ahora dirige, Zutana está escribiendo y Mengana... Y así.

También están los grupos y sus obras. En qué sala, en qué hueco, en qué raro agujero se han metido. Y por cuánto. Los meses y la plata. Y con cuántos amigos, cuánta ayuda, cuánto enchufe, qué cuento, cuánta cara... Y si se lo merecen o si no es para tanto, si porque no nos gusta será una porquería o somos sólo solos que ya no entienden nada, ni quieren, ni perdonan tantísima idiotez.

Ya lo dijo aquel: el infierno son los otros. Estamos rodeados.

Qué bien que nos iría si no nos molestáramos tanto por los de afuera, si nos dieran igual, si fuéramos capaces de alegrarnos de veras o, al menos, de no escupir en el café del otro.

Ya se nos va a pasar.
¿No?
Vaya gremio de mierda el elegido.
...

Más paciencia.

No me da lo mismo

casi nada,
me aburro demasiado
algunas veces,
pienso que no es sencillo,
quisiera ser idiota
o al menos conocer
la felicidad de la ignorancia,
ya saben:
tirarse a la piscina
aunque sin agua,
emborracharse a solas,
subirse al escenario,
abandonarlo todo
y no mirar atrás,
no tener más vergüenza,
ningún miedo,
saber qué no hay mañana
que consuele,
ni nadie muy dispuesto
a rescatarnos
y no será importante
este fracaso,
pero tampoco el triunfo,
de los otros.

Miyó Vestrini

Toda la vida no vas a tener ganas de saltar cuando veas el mar o cuando haya luna llena, toda la vida no se tienen ganas de hacer lo mismo, ¿entiendes?, sí eso eso, respira hondo, cálmate y pide un trago y mira hacia otro lado, hacia donde quieras pero que no sea espejo, porque vas a empezar otra vez, que si la memoria y la guerra y los fantasmas de mierda y el tiempo que no pasa rápido, ¿no te fastidias?, siempre lo mismo, el perro que ladra y la luz que agoniza, eres la única que lo ve así, a ver, pide un trago y óyeme lo que te voy a decir,
por la mañana
los ojos se llenan de lágrimas
porque no hay locos en la casa
y tarda mucho en hacerse de noche
y las multitudes
y esa luz de la tarde que revienta
tiempo,
cautela,
no lo digas otra vez, todo eso me da en la madre, si ya sé lo de la fatiga, lo del desafecto y el estupor, y no me importa el marido frustrado de Creeley, empezando que no sé quién es el bolsa ese, confórmate, ¿ves?, todos los días la gente regresa a su casa, ¿no?, y no vas a componer las cosas arrechándote por una cama o una cortina floreada o una mesa cuadrada, métete un viaje de toña la negra o de leo marini o de la bola de nieve y cálate tus cuentos y los míos y hablando de infortunios, no me metas, ¿Ok?

Miyó Vestrini. De El invierno próximo. 1975.
Revista La danza del ratón, nº 19, julio 2001. p. 25.

La interpretación revisada. Román Podolsky

Os alcanzo un fragmento de este trabajo de R. Podolsky.
Ojo, esto es sólo una parte. El texto completo lo tenéis en www.romanpodolsky.blogspot.com

Detrás del personaje

Para comenzar, una pregunta.
¿Qué es lo que, cuando vamos al teatro, nos permite distinguir una buena interpretación de otra que no lo es? La respuesta que vamos a proponer es sencilla de decir, pero no siempre de lograr y es que una buena interpretación es aquella que no se nota. Está presente allí, desplegándose ante nuestros ojos y sin embargo no la advertimos, nuestra atención no está pendiente de ella ni del actor que la ejecuta. La buena interpretación es una dimensión oculta y silenciosa de aquello que vemos y oímos.

Por el contrario, desde el momento en que sentados en nuestras butacas percibimos la intención no siempre conciente del actor de exhibirse, la interpretación pierde allí todo su misterio, y el sueño de la ficción se desvanece, dejando ante nuestros ojos la torpe evidencia de una presencia que a nadie le interesa –al menos en lo que dura la función.

Indicios de esa presencia que está de más son por ejemplo: la afectación innecesaria del cuerpo y de la voz, la manipulación de las emociones, el cálculo del efecto de las propias acciones sobre el espectador, la tensión, la ilustración. En suma, interferencias que alertan al espectador sobre una interpretación que no logra hacerse invisible en el despliegue de la ficción.

Por lo tanto, la interpretación que se precie no solo será aquella que no se advierte sino que además hace pasar inadvertida la personalidad y las intenciones del actor que la ejecuta. Porque un buen actor, un buen intérprete, se niega a sí mismo actuando, desapareciendo tras el personaje y los actos de su personaje. En este sentido, la interpretación es mortífera: en su muerte simbólica, el actor crea un vacío del que surge el personaje. Y tal vez sea este singular acto de negación lo que esencialmente esperamos de la ceremonia teatral cada vez que acudimos a ella, más allá de las formas y los contenidos circunstanciales que la componen.

Ceremonia de negación y muerte pero también de afirmación y vida, en tanto y en cuanto el cuerpo palpitante del actor retorna a la escena bajo las vestiduras del personaje, para su propio regocijo y el de quienes asistimos a verlo y escucharlo actuar.

Y cuando esto no sucede así, como espectadores percibimos una estafa, una suerte de malversación de la ceremonia, en la que los actores, oficiantes que deben morir, no terminan de hacerlo mientras que los personajes, criaturas endebles hechas de sueños y discurso, no terminan aún de encarnarse en sus cuerpos prestados para la función.

En la famosa escena 2 del Acto III de Hamlet, el protagonista les da indicaciones a los cómicos que han llegado a Palacio para hacer su representación ante la corte. Allí les advierte que

“(…) no permitáis que los que hacen de graciosos ejecuten más de lo que les esté indicado, porque algunos de ellos empiezan a dar risotadas para hacer reír a unos cuantos espectadores imbéciles, aún cuando en aquel preciso momento algún punto esencial de la pieza reclame la atención. Esto es indigno, y revela en los insensatos que lo practican la más estúpida pretensión.” (1)

La cita muestra que a través de los tiempos, siempre se ha esperado del actor esa singular disponibilidad de prestarle su cuerpo y su voz a un discurso que no le pertenece, sin que en ello interfiera afán exhibicionista alguno.

Otro inglés, pero contemporáneo nuestro, el director Peter Brook, reconoce que por supuesto, toda actuación es ejecutada por una persona y en ese sentido es personal.
Sin embargo, afirma que

(…) es muy importante intentar distinguir la forma de expresión personal que es inútil y auto indulgente y esa otra clase de expresión en la cual ser impersonal y a la vez genuinamente individual son una sola cosa. (2)

En la búsqueda de esa distinción, Brook identifica una buena actuación con el trabajo de aquellos dramaturgos que no tratan de imponer sus propias ideas al material sino que se ofrecen como vehículos de su transmisión. Brook propone la obra de Shakespeare para fundamentar sus afirmaciones, señalando que

“”No es por nada que los estudiosos que se han desvivido por encontrar rasgos autobiográficos en su obra han tenido tan poco éxito en su intento. En realidad, no importa quién escribió las piezas, ni los rasgos autobiográficos que en ellas pudiera haber. (…) Porque no se trata –continúa Brook- del punto de vista de Shakespeare respecto del mundo, sino de algo que, en verdad, parece lo real. Y es índice de esto el hecho de que cada palabra, cada línea de diálogo, cada personaje, cada evento, tiene no solamente una amplísima gama de interpretaciones posibles, sino que la cantidad de interpretaciones posibles es sencillamente infinita. Lo cual es característica esencial de lo real. Diría que es ésta la característica esencial de toda acción llevada a cabo en el mundo real. (…) Lo que Shakespeare ha escrito no es la interpretación sino la cosa en sí misma”. (3)

Quizás de un modo algo exagerado, Brook afirma que la obra de Shakespeare se eleva de entre todas las demás al inalcanzable sitial de lo real del teatro, afirmación que tal vez nos dice mucho más sobre el propio Brook y sus gustos que sobre la obra de Shakespeare, desde que sabemos gracias al psicoanálisis que lo real es lo imposible a lo que no se llega, aquello que está más allá de una representación.

De todos modos, sus palabras nos hacen pensar que a veces, no muy frecuentemente, una buena interpretación no solamente es apreciada porque no se nota y porque borra eficazmente a aquel que la ejecuta, sino que además nos permite vislumbrar un territorio más allá de las palabras y de las personalidades, señalando un imposible que no se puede decir.

Es ese maravilloso instante en que la ceremonia teatral no solo se agradece y se disfruta sino que nos deja sin palabras, mudos testigos de la infinita magnitud de la experiencia humana.

***
1- Shakespeare William, “Hamlet”. Escena 2 Acto III Editorial Aguilar p. 251
2-Brook, Peter, “Provocaciones. 40 años de exploración en el teatro”, Ediciones Fausto ps.78/79
3- Op. Cit. ps.88/89

Texto leído en el Seminario Introducción a la lectura de J. Lacan: "Interpretación y transferencia", que dicta el psicoanalista Carlos D. García en la Escuela de Orientación Lacaniana

Dopo mezzanotte

Ésta fue una de las mejores películas del 2004. Como tantas otras buenas, pasó desapercibida. Acá quedan dos botones de muestra y la invitación a que la busquen.

Dir. Davide Ferrario.
Actúan bárbaramente bien: Giorgio Pasotti, Francesca Inaudí y Fabio Troiano.


Trailer.


La serie di Fibonacci.

Domingo en Módena









Cuando tengas ganas de morirte

esconde la cabeza bajo la almohada
y cuenta cuatro mil borregos.

Quédate dos días sin comer
y verás qué hermosa que es la vida:
carne, frijoles, pan.

Quédate sin mujer: verás.

Cuando tengas ganas de morirte
no alborotes tanto: muérete

y ya.

Jaime Sabines, Uno es el poeta. Antología, Visor, Madrid, 2001.

La enseñanza del mal teatro

Cada vez que salimos de una obra maldiciendo, aburridos, indignados, puteando, sin poder contener las frases venenosas que sólo nuestros pacientes acompañantes escuchan, comparten, matizan o discuten, se llega a la serena y consoladora conclusión de que, al menos, poseemos las armas precisas para defendernos de la amenaza, los recursos necesarios para enjuiciar ese trabajo con argumentos de peso que van más allá del escuálido: "no me gustó".

Del mismo modo en que un libro, por malo que sea, sólo por el hecho de proporcionarnos una lectura, de un modo elemental, básico y casi primitivo, nos está beneficiando, así, el mal teatro, nos revela las claves de todo lo que debemos evitar en nuestros trabajos.

Nada enseña más sobre estructura y sentido del ritmo, que las obras crueles donde cada escena se hace interminable, el pobre argumento no avanza, el tempo no existe y cada pausa se abre como un agujero negro dispuesto a devorarnos.

Nada enseña más sobre actuación que los actores tensos, empeñados en hacer fuerza para transmitirnos algo que no entienden, dispuestos a fingir un sentimiento, impunes, ofensivos, ajenos a su texto, burdos imitadores de una realidad que caricaturizan desde lejos.

Nada enseña más sobre dramaturgia que los textos estériles llenos de pretensiones, tópicos, petulancias, rarezas caprichosas que no se justifican ni en el fondo ni en la forma.

Nada enseña más sobre dirección que la triste exposición de actores que aún no saben, ni entienden ni asimilan.

Nada enseña más sobre puesta en escena que los espacios desaprovechados, los objetos inútiles que "adornan" el lugar, la música que ilustra, subraya e incomoda o el abuso de los apagones para suplir elipsis que nadie resolvió.

En definitiva: se puede hacer tan bien el mal...

¿Desde cuándo?

Desde que estoy acá,
desde que leo,
desde el recuerdo
del sueño,
desde la infancia,
desde antes,
desde julio,
desde el comienzo,
desde el olvido,
desde entonces,
desde ciertas ciudades
clandestinas,
desde lo ajeno
y no,
desde el silencio,
es decir,
desde siempre
y pese a casi todo.

La lectura en la formación actoral

Ya hemos mencionado alguna vez el absurdo de encontrarse con estudiantes de teatro que no leen. Supongo que esta realidad no espanta a nadie, al fin y al cabo, también hay estudiantes de letras que conocen los libros sólo por un resumen cibernético. Con suerte. No obstante, a mí la indignación no me cabe en el cuerpo. ¿Quién estudia teatro por obligación? ¿Quién es el mártir que se somete a las dificultades, el bochorno, la bronca, la frustración, el esfuerzo físico que implica cualquier clase, por pobre que ésta sea, contra su voluntad? Como tamaño absurdo, ni Ionesco, me resulta del todo indescifrable semejante paradoja.

Son muchos los profesores de teatro que no dan crédito cuando escuchan a sus alumnos leer en voz alta por primera vez. Un alto porcentaje ronda el analfabetismo funcional. Muchos ni siquiera poseen sentido común. Conozco el caso de una alumna que leyó Un tranvía llamado deseo sin percatarse nunca de que a Blanche la violaban. Según ella, en su libro la escena terminaba con "telón", no ponía nada más. No es un chiste.

¿Cómo se les va a pedir que trabajen el subtexto cuándo no poseen las herramientas básicas de comprensión de lectura y análisis de texto?
Por otro lado, cada vez parece una práctica más frecuente que los alumnos lean y memoricen exclusivamente la escena que están trabajando. No leen la obra. ¿Para qué?, pensarán.

Podríamos decir que los docentes poseen cierta responsabilidad, porque es imposible no percatarse del desconocimiento general sobre el que trabajan estos pobres chicos, y que la misma lectura de la obra debería formar parte de la clase, pero claro, cuando el taller dura dos o tres horas una vez a la semana, nadie quiere "perder el tiempo" leyendo en clase. Por no mencionar el hecho de que hay escándalosos fraudes docentes que tampoco se han molestado en leer las obras con las que enseñan y que se limitan a trabajar hasta el aburrimiento las escenas más conocidas, con las que ellos se formaron. Desde su propia limitación deforman a sus alumnos sin que se les caiga la cara de vergüenza. Pero ese es otro tema.

Volvamos a los alumnos. ¿Si no les gusta leer o no tienen facilidad y no ponen nada de su parte para remediar esa laguna formativa, cómo piensan crecer como actores? ¿De qué van a nutrirse? La lectura, y no sólo la de las obras de teatro - que, encima, resultan ser los textos más necesitados de un lector exigente y preparado, - es una parte imprescindible y fundamental de la formación actoral. No está sólo relacionada con la memorización de los textos de un personaje, sino con la construcción de otros mundos posibles, con el conocimiento de épocas pasadas, con el desarrollo de la imaginación y el imaginario personal, así como con la sensibilidad, la capacidad de expresión y de elaboración de una crítica constructiva.

Lo más espeluznante de todo es que los no lectores, a menudo, disfrutan su ignorancia y alardean. Es casi imposible conseguir que un adolescente o un adulto al que no le guste leer, entienda las infinitas ventajas que la lectura conlleva, mucho menos, que la disfrute, pero como estudiantes de teatro deberían verse obligados a leer. De todo. Y esa práctica de la lectura tendría que preocuparles tanto como su entrenamiento físico, sus clases de danza o canto, el clown, la acrobacia y ese largo etc. de disciplinas para las que siempre parecen estar dispuestos.

De lo contrario, y como ya es habitual, una y otra vez tendremos la desgracia de ver en el escenario a actores vacíos que no tienen la menor idea de lo que están diciendo, que no sólo no entienden las palabras, si no que no son conscientes de las claves que encierra su discurso ni de la tradición que hay sobre ellos. Una y otra vez seremos castigados por los abusos de la ignorancia ajena y los excesos de una supuesta pretensión estética mal entendida.

Que la suerte se apiade de nosotros y de nuestros bolsillos.

Otra(s) bohemia(s)

Durante mucho, mucho, mucho tiempo... Dan ganas de decir que "desde siempre", los círculos artísticos -lean con comillas y mucha precaución todas estas fanfarrias, por favor -, se caracterizaron de modo general y torpemente, como esos supuestos ambientes donde todo es posible - sigan con la cautela, por favor - en el mejor y en el peor de los casos y mundos. Es decir, acá están permitidos egos maltratadores, genios malcriados, delirios de grandeza, enfermedad mental y de las otras, amores repentinos, perversos, complicados... Y todo esto envuelto en un sindios de noches, borracheras, maltratos, drogas, orgías y casi cualquier cosa.

¡Cómo cambian los tiempos! La tan rara bohemia de estos días -vuelvan a las comillas,
por favor-, no conoce esos rumbos. Hoy los artistas estudian por tiempo indefinido en casa de sus padres, pagan para exponer, pagan para editar, tienen becas, subsidios, viajes de formación y de intercambio... O todo lo contrario. Autodidactas y solos contra un mundo del que nada conocen. Ni les importa, ni les preocupa porque su arte -¡¡¡comillas!!!- comienza y termina en ellos mismos. (Por suerte, muchas veces).

Me interesa, no obstante, otra opción diferente. La del artista que se levanta temprano para ir a trabajar en otra cosa que le da de comer y que le roba tiempo al sueño y a la vida para seguir haciendo lo que más le interesa. Eso que no puede evitar, que no es un pasatiempo, sino una de esas obsesiones que tanto duelen pero siempre compensan. Jamás en lo económico, se entiende.

Me interesan aquellos que arrancan sus ensayos casi al alba o ya en la medianoche, los que lo guardan todo porque nunca se sabe cuándo hará falta tal tuerca o tal madera para arreglar quién sabe, para alguna escultura, para otro personaje... Me interesan los que casi no entienden lo que hacen, los que sólo se explican con los hechos, los que viven en medio de la contradicción. Los que entienden que todo implica un sacrificio del que hay que disfrutar, los que luchan cada día para olvidar lo aprendido, los que persiguen la palabra precisa para cerrar el verso o sueñan con un nuevo color para acabar el cuadro.

Es decir, me interesan aquellos que trabajan, esa extraña bohemia sin alardes que no se reconoce como artista, que no se clasifica, que no espera que nadie los venga a entrevistar. Los hijos del silencio y del ahorro, los menos presumidos, los discretos.

¿Son pocos? Celebro su grandiosa minoría.

La historia del cine de madame Zilensky


Un tranvía llamado deseo. (A streetcar called Desire. E. Kanzan, 1951)


Con faldas y a lo loco. (Some like it hot. B. Wilder,1959)


El golpe. (The players,G.Roy Hill, 1973)


El último emperador. (The last emperor, B.Bertolucci, 1987)

La legitimidad del aplauso

Soy de la opinión jodida de que los procesos no se aplauden. Por eso no entiendo las clases de teatro en que los compañeritos aplauden la escena del que acaba de pasar. A ver, ¿no es que estamos todos aprendiendo cómo funciona esto? ¿No viene ahora una devolución sobre lo que falta, lo que debe mejorarse y un largo etc. ? ¿Qué aplauden entonces? Esos aplausos gratuitos, a mi entender, maleducan. Tanto al que lucha por ser actor / actriz, que recibe por casi nada lo que más tarde deberá ser parte de su ganancia espiritual; como para ese público mentiroso que aplaude por inercia.

El aplauso, como tantas otras cosas del entorno, también ha terminado por devaluarse. Cuando menos, debería indicar algo del grado de satisfacción del público. Somos pocos los que ejercemos nuestro derecho a no aplaudir. Nos puede el pudor cuando la sala es pequeña, nos guía la inercia del gesto colectivo y termina siendo como el bostezo o la risa nerviosa, que se contagia. Y generamos una absurda paradoja: un aplauso carente de significado, totalmente vacío.

¿No es acaso hermoso cuando la función que vimos nos entusiasmó lo suficiente como para que deseemos aplaudir de pie y gritar bravo? Con mucha suerte, una o dos veces al año, experimentamos esa catarsis totalizadora.

Defiendo encarnecidamente el derecho del público a no aplaudir y a salir de la sala si lo que ven les decepciona, molesta, aburre o incomoda. De lo contrario, ir al teatro no es más que una salida formal, aparentemente culta, en la que uno demuestra ser una persona bien educada. ¿? No, gracias. Los museos cumplen ya esa función y ahí sí que uno se tiene que comer la bronca porque está prohibidísimo y resulta muy caro atentar contra las supuestas obras de arte.

Convengamos que los montajes y las salas del off no se lo ponen fácil al público. Las ventajas de la intimidad de esos espacios reducidos y el encanto de los lugares alternativos con todo lo que implican, se convierten en un infierno sin salida cuando la obra no nos interesa. Hay que armarse de coraje para levantarse en una platea de entre quince o cincuenta personas y, en ocasiones, cruzar el espacio escénico y romper a cabezazos la cuarta pared para abandonar la sala. Se entiende pues que en muchas ocasiones se aguante estoicamente lo que caiga. Mala suerte. Y tampoco se puede reclamar la plata de la entrada, por supuesto, no se trata de eso. Entonces, como mínimo, ejerzamos nuestro derecho a guardar silencio - total, ya estamos acostumbrados a que si no hay nada bueno que decir, mejor no decir nada - y a no aplaudir.

Sin duda, el panorama teatral, su abundancia y decadencia, se vería drásticamente modificado si el público no fuera tan amable. ¿Muy feo para los actores? Seguramente. Pero son gages del oficio. Deberían serlo, al menos. Y tienen suerte, rara es la vez que alguien abuchea o patea en un teatro y ya no nos dejan arrojar tomates, así que, que no se queje nadie.

Anaïs Nin

"Mi imagen de los demás ha sufrido mil transformaciones desde la idealización al rechazo total, a la reconstrucción y salvación de un ser totalmente nuevo. A medida que yo iba cambiando, cambiaba mi perspectiva. (…) Somos como escultores, tallando constantemente en los demás la imagen que anhelamos, necesitamos o deseamos. A menudo en contra de la realidad y en menoscabo de los demás, y, siempre, al final, una desilusión, porque no corresponde a ellos".

Consejos de Leonard Cohen para llevar la poesía a escena

Cómo hablar poesía.

(…) Jamás actúes las palabras. Nunca intentes despegarte del suelo cuando hables acerca de volar. Jamás cierres los ojos volviendo violentamente la cabeza al hablar de la muerte. No claves en mí tus ojos ardientes cuando hables de amor. (…) Si la ambición y el hambre de aplausos te han llevado a hablar acerca del amor deberías aprender cómo hacerlo sin ponerte en ridículo o destrozar el tema. (…)
No puedes decirle al público todo lo que sabes del amor en cada línea de amor que hables. Hazte a un lado y ellos sabrán lo que sabes porque ellos lo saben ya. No tienes nada que enseñarles. Ya no hay escenario. Ya no hay candilejas. Estarás entre la gente. Entonces se modesto. Di las palabras, transmite los datos, hazte a un lado. Quédate solo. (…) Respeta la intimidad del material. Estas piezas fueron escritas en silencio. El valor de la representación es el de decirlas. La disciplina del juego es no violarlas. Que el público sienta tu amor a la intimidad a pesar de que no exista intimidad. Se buena puta. El poema no es un eslogan. No puede anunciarte. No puede promocionar tu reputación de persona sensible. No eres un semental. No eres una mujer fatal. Eres un estudiante de la disciplina. No actúes las palabras. Las palabras mueren cuando las actúas, se consumen y nos quedamos sin nada más que tu ambición. (…)
No trabajes a la audiencia en busca de exclamaciones y suspiros. Si eres merecedor de exclamaciones y suspiros no será a causa de tu apreciación del suceso, sino a causa de la suya. Estará en las estadísticas y no en el temblor de la voz o en los cortes que hagas en el aire con tus manos. Estará en los datos y la queda organización de tu presencia.
Evitas las florituras. No temas ser débil. No tengas vergüenza de estar cansado. Tienes un aspecto magnífico cuando estás cansado.

Leonard Cohen. Memorias de un mujeriego, Visor, 1982.

Paisaje urbano. Silvia Pascual.

La calle es un lugar de tránsito, un pasadizo entre un lugar y otro, un sitio en el que la vida pública transcurre, en el que los artesanos tañen sus tesoros, en el que los enamorados comparten sus primeros y últimos helados, en el que la lluvia se encauza a un mundo mejor, y es también una casa sin puerta. Los bordillos entonces son bancos, los charcos son baldes para lavar la ropa, las ramas de los árboles tendederos y las señales de tráfico percheros. Las farolas son sombrillas estrechas, las rotondas jardines interiores, las aceras hamacas de cemento, y el tráfico un vendaval de insectos que hay que aprender a ignorar por el bien de la siesta. Los muros armarios, las verjas armarios, las vallas armarios. Las carreteras parques de atracciones, los turistas personajes de Disney, los teléfonos móviles radares para detectar la vida extraterrestre, los camiones, urinarios espaciosos, las tuberías el hidromasaje. Los parques, las afueras, los perros callejeros las mascotas sin nombre, las hormigas vecinos en sus trece. Las casas iluminadas son decoraciones de un belén de tamaño natural. Los basureros supermercados a la hora del cierre, las paradas de taxis colas de dinosaurio irrompibles. Los guardas de tráfico, maestros de ceremonias. Los mendigos, acomodadores. Los niños son geranios de exteriores. Las esquinas de los muros, barberías. Y los bebés espuma jabonosa.

SILVIA PASCUAL, española errante, vive en Delhi desde el 2005. Lee. Escribe. Trabaja. Da clases de danza árabe. Manda emails como éste.

La jornada del músico. Erik Satie.

El artista debe regular su vida.
Aquí tienen el horario detallado de mis actividades diarias:

Me levanto a las 7.18; inspirado de 10.23 a 11.45. almuerzo a las 12.11hs. y me levanto de la mesa a las 12.14hs.
Saludable paseo a caballo, en el fondo del parque: de 13.19 1 14.53hs.
Otra inspiración: de 15.12 a 16.07hs.
Ocupaciones diversas: (esgrima, reflexiones, inmovilidad, visitas, contemplación, destreza, natación, etc.) de 16.21 a 18.47hs.
La cena se sirve a las 19.16 y se termina a las 19.20. a continuación, lecturas sinfónicas en voz alta: de 20.09 a 21.59hs.
Me acuesto normalmente a las 23. 37hs. Una vez por semana, despertar sobresaltado a las 3.19hs.(los martes).
Sólo como alimentos blancos: huevos, azúcar, huesos rallados, grasa de animales muertos, ternera, sal, coco, pollo cocido en agua blanca, mohos de fruta, arroz, nabos: morcilla alcanforada, pastas, queso (blanco), ensalada de algodón y algunos pescados (sin piel).
Me hiervo el vino, que bebo frío con zumo de fucsia. Tengo apetito: pero no hablo nunca comiendo, por miedo a atragantarme.
Respiro con cuidado (poco cada vez). bailo muy raras veces. Cuando ando, voy por los lados y miro fijamente atrás.
Muy serio de aspecto, se me río es sin querer. Y siempre me disculpo por ello con educación.
Sólo duermo con un ojo: tengo un sueño muy duro. Mi cama es redonda y perforada por un agujero para que pase la cabeza. Cada hora, un criado me toma la temperatura y me pone otra.
Desde hace tiempo estoy abonado a una revista de moda. Llevo un gorro blanco, medias blancas y un chaleco blanco.
El médico me ha dicho siempre que fume. A sus consejos añade: Fume, amigo, si no, fumará otro en su lugar.

Erik Satie. Memorias de un amnésico.
Revista La danza del ratón nº 16, junio 1999. pp. 13 – 18.

El arte del presente

"Un elenco estable es uno de los mejores antídotos contra la ambición. (...) Vivir formando parte de un elenco es como un ejercicio de ascetismo, de disciplina, es un aprendizaje permanente. Sobre los demás y sobre uno mismo. Un ejercicio de escucha. No se puede ser perezoso. (...) En la vida de un elenco, incluso cuando todo va bien, siempre hay alguien que se siente mal. Y hay que escucharlo, pero al mismo tiempo hay que evitar que imponga su estado de ánimo. A veces, es una lastimadura sin importancia, pero otras es la peste". pp. 20-21.

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"En principio, si conservan la infancia, la ingenuidad, los actores no mienten. Digo ingenuidad, no estupidez. No confundirlas. Ingenuo es el que nace a cada instante. Los verdaderos actores viven el instante y no hacen trampas. A la larga, su actuación se vuelve tan transparente que es la vida misma". p. 25.

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"No se puede montar un espectáculo que no hable un poco de uno, de sus horrores, de sus fantasmas, de sus deseos. (...) El teatro tiene la capacidad de contarlo todo. Somos nosotros los que no siempre sabemos hacerlo". p. 28.

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"La duda es la esencia misma del arte y de la práctica intelectual, y no solamente en los días de catástrofes". p. 57.

El arte del presente. Ariane Mnouchkine. Conversaciones con Fabienne Pascaud, Atauel, Bs. As. 2007.

Diario de viaje de madame Zilensky














¿Tuvieron ya la trágica impresión de que todas las ciudades son la misma?

Quino


Recomendación

Esta entrega de J. Pablo Feinmann dentro del ciclo Filosofía política de una obstinación argentina que publica Página 12, forma parte de su análisis sobre la llegada de Perón a Ezeiza. Titula: Ezeiza en clave beckettiana: Esperando a Perón. Hay que leerlo. No sólo por la iluminación política, sino por todo lo que señala sobre la esencia del texto de Beckett.

www.pagina12.com.ar/especiales/archivo/peronismo_feinmann/CLASE88.pdf

Como pájaros perdidos


Como ahora no hay maestros ni alumnos, el alumno preguntó a la pared: ¿qué es la sabiduría?

Y la pared se hizo transparente.

**

Estoy metido en la política otra vez.
Sé que no sirvo para nada, pero me utilizan
y me exhiben.

"Poeta de la familia mariposa-circense,
atravesado por un alfiler, vitrina 5".
(Voy con ustedes a verme)

Jaime Sabines, Uno es el poeta. Antología., Visor, Madrid, 2001.

Obras en youtube

Supongo que a más de uno le ha pasado: ves un título que te llama la atención y te vas a youtube a ver si hay algún fragmento de la obra de teatro en cuestión.

Y suele ser que sí...
Y sos feliz un breve instante porque te ahorraste la decepción, la bronca y el coste de la entrada.

No es oro todo lo que reluce.

La paradoja del artista moderno

"El joven que desea convertirse en un artista moderno se encuentra abocado a la siguiente disyuntiva: está obligado a tener éxito si quiere hacer de artista moderno; pero debe rehuirlo con todas sus fuerzas si quiere ser artista moderno. Dilema grave entre hacer y ser que obliga a decidir a quién se obecede, si a la representación del poder (Estado) que otorga el éxito, o a las fuerzas oscuras que lo controlan (masas), únicas capacitadas para conceder la oportuna indiferencia".

(...) "Un artista es aquel que pone en términos sensibles y accesibles una pregunta, no una respuesta".

Félix de Azúa, El aprendizaje de la decepción, Anagrama, Barcelona, 1996.
FOTO: Calavera de platino y diamantes de Damien Hirst, titulada "Por el amor de Dios". Valorada en 18millones de euros.

Tímidas existencias

Ilusiones

¿Anthony Hopkins dice en alguna escena de Tierras de penumbra: "Leemos para saber que no estamos solos" o "Leemos para creer que no estamos solos"?

**

Tímida presentación

La pequeña acaba de cumplir un año y es su primer día de guardería. El mayor, que tiene tres y ha pasado allí ya todo un curso, entra con ella de la mano y advierte a su compañero de mesa: "Es mi hermana, no le pegues".

**

Ciudad

Lunes, cuatro de abril: Un niño de tres años, bien vestido y sin señales externas de violencia, deambulaba por la madrileña calle del Mar Caspio a las tres y media de la madrugada de ayer.

Sinopsis de una metáfora.

**

Pilar Rubio Montaner, Tímidas existencias, Prensas universitarias de Zaragoza, 2001.

El té de la bohemia

Del mismo modo en que allá por el s. XIX las señoras repartían sus tardes de salón en salón tomando el té y compartiendo charlas más o menos eficaces sobre sus matrimonios, hijos, herencias e inquietudes, así nosotros, en estos días, vagamos de sala en salita de teatro, haciéndonos el favor, compartiendo nuestros buenos, pocos, torpes, muchos, vagos, tristes o geniales intentos de obras propias.

Y no sé ustedes, pero hay días, en los que detesto la costumbre. Y no comparto.

Ejercicio de sinceridad íntimo y personal: ¿cuántas obras de amigos recomiendan habiéndolas visto y sabiendo

a) que no son la gran cosa?
b) que aún les falta mucho?
c) que son un auténtico dolor de huevos?

¿Y?

Pues eso.

No nos castiguemos más. No hace falta. La vida, ya de por sí, es bastante molesta.

Y mañana vamos a la feria del libro independiente en la IMPA





Enlazando con lo último...

El humor, pequeña enciclopedia ilustrada (II)

Hace unos días recomendábamos la proyección de este documental sobre ilustradores argentinos de M. Llinás e I. Masllorens, que pudo verse el viernes pasado dentro de las actividades del festival del quinto aniversario de la revista Llegás. Nosotros fuimos y recibimos una muy grata sorpresa.

Ya desde los créditos quedan asentadas algunas de sus claves: la sencillez, el humor y la importancia de la música de Gabriel Chwojnik que ilumina las explicaciones visuales de cada tesis. El proyecto se divide en once episodios breves, cada uno dedicado a un ilustrador y todos ellos articulados con un formato narrativo distinto.

Los que se aventuraron a ver Historias extraordinarias reconocerán acá más de un tono, guiño y rasgo de los que parecen definir el trabajo de sus creadores: la voz en off como elemento narrador cómplice, la elaboración de hipótesis argumentales que parten de una base mínima y un meticuloso uso del lenguaje, así como un excelente uso del encuadre que, en este caso, introduce milimétricamente al espectador en esos microcosmos de las ilustraciones.

Una experiencia interesante que no está destinada exclusivamente a los fánaticos de la ilustración y sus alrededores. Por desgracia, se trata de uno de tantas películas que no encontraron distribución, así que hay que conviene estar atentos, porque nunca se sabe en qué evento alternativo y pasajero volverá a hacer acto de presencia.

Acá os dejamos nada menos que uno de los capítulos. Disfruten.

¿Posmoderno quién?

Sólo para que quede claro: no todas las obras de las que se sale enojado, defraudado, con la cabeza hueca y el corazón helado encierran un mensaje "para entendidos", guardan un secreto y profundo sentido sólo al alcance de unos pocos privilegiados. No. Muchas de las obras que nos frustran son, sencillamente, estériles.
En ocasiones, ciertos discursos huecos, en su forma y su fondo, parecieran querer escudarse en la tan ventilada posmodernidad, así que, sólo para disipar algunas dudas básicas, acá va un sencillo abc de la "cosa posmoderna".

Para empezar, el posmodernismo como estética aparece porque las formas del arte clásico, realista y convencional comenzaron a resultar inadecuadas para la expresividad conflictuada del mundo moderno. Lo que se acentúa es la necesidad de explorar nuevos mecanismos de construcción, así como los procesos de comunicación y representación.

El posmodernismo afirma que dada la imposibilidad de conocer las grandes verdades, debemos asumir que vivimos en un mundo de apariencias, es decir, sin profundidad, donde la disociación sería nuestra norma psíquica. Rechaza la utopía porque la actual sociedad del espéctaculo ha generado un simulacro hiperreal que suplanta a la realidad.

¿En qué se traduce esto? Nada más y nada menos que en la "cultura de tres minutos" donde el discurso narrativo desaparece frente a la frase hecha, la desconexión, la secuencia y la aleatoriedad tanto del contenido como de las imágenes. Lógicamente, el zapping es la más alta práctica cultural de estas esferas.

¿Cuáles son sus frutos? La cultura amnésica que hoy tenemos. Comida rápida para la mente. Cualquier cosa se abandonda rápidamente para luego retomarla un poco más tarde como algo retro-chic o nostálgico.

Baudrillard afirmaba que al principio la imagen reflejaba la realidad, después pasó a enmascararla y finalmente ha terminado por mostrar la ausencia de realidad, es un mero simulacro de ésta. Se prefiere la imagen al objeto, la copia al original, la apariencia a la forma de ser. De este modo, nuestra encantadora aldea global queda habitada por habitantes pasivos en fase terminal. Ojo, acá es donde, paradójicamente, el discurso posmoderno pretende liberarnos porque esa supuesta saturación de información sin significado es lo que nos hará libres convirtiéndonos en una masa de brillantes excépticos que desconfían de los medios de comunicación y utilizan todos sus recursos intelectuales para ironizar sobre la forma en que el contenido se anula.
Bien. ¿Qué ocurre con todos aquellos que no poseen ningún tipo de formación que les permita disociar ese simulacro de realidad de la realidad misma? ¿Qué pasa con todos aquellos que aún no han renunciado a creer en una serie de verdades públicas? ¿Cómo ser posmoderno si no conoces las reglas básicas del constructo ficcional que teje toda la maraña social? ¿Cuántos shows de Truman hay que ver para poner en duda una teoría que parece pergeñada por los propios intelectuales en declive fosilizados en instituciones decadentes que alimentan sus sesudoas conferencias con importantes subsidios?

Queridos todos, ¿por qué no tenemos un poco más de pudor al llenarnos la boca con los méritos de la posmodernidad y sus frutos podridos? Y, sobre todo, ¿por qué habiendo tantas cosas importantes para contar, hay tantos empeñados en aburrirnos hablando sobre y desde el vacío?

"No existen las masas, sino sólo formas de pensar en otras personas como masas". Raymond Williams dixit.


* Lectura recomendada que sustenta lo dicho: Estudios culturales y comunicación. Análisis, producción y consumo cultural de las políticas de identidad y el posmodernismo. J. Curran, D. Morley, V. Walkerdine, Paidós, Barcelona, 1998.

La necesidad del arte


Una de las razones fundamentales por las que el teatro resulta un ámbito fascinante es por su relación intrínseca con otras disciplinas del arte, una relación que no se limita a aproximarse a ellas sino que las estudia, las matiza y las rescata para que sirvan en el escenario. Hay siempre un largo proceso de traslación porque la escena como territorio simbólico posee una fuerza que transforma, modifica, subraya, resignifica y un largo etc. De ahí, por ejemplo, lo difícil que resulta llevar la poesía a escena y, sin embargo, lo muy poéticos que resultan ciertos montajes.

El cruce interdisciplinario exige aún una mayor precisión y un amplio conocimiento de los recursos empleados, tanto en las técnicas como en las posibilidades expresivas de los mismos, es decir: ¿cuál es el objetivo de la mezcla de géneros? ¿Qué puerta se abre en el imaginario del público cuando les muestro una determinada imagen? ¿Por qué esa y no otra? ¿Hacen falta palabras que orienten mi discurso o alcanza con la imagen? ¿O quizá sólo con una música concreta en el momento justo consigo lo que no vengo pudiendo construir desde otro lado?

Sin duda, hay que afinar mucho. Y en la búsqueda de esa precisión está gran parte del aprendizaje, es por eso que resulta incongruente encontrarse con tantos estudiantes y pretendidos profesores que carecen de los recursos suficientes para relacionarse con otras materias. Un actor, un director, un dramaturgo... Cualquier persona cuyo trabajo se relacione descaradamente con lo creativo, está obligado a SER CURIOSO, a mantener el incentivo del interés despierto a toda costa, por más que la coyuntura actual no ayude, que todo nos parezca de una mediocridad solemne y adormecedora. El pasado, por suerte, siempre nos reserva gratas sorpresas. Estamos obligados no sólo a conocer lo que nos rodea, sino a investigar, a estudiar, quizá mucho más de lo que estudia cualquier licenciado en letras o humanidades. La cultura general de un actor no puede reducirse a las últimas películas en cartel. Hay toda una historia del cine, una historia del arte, museos, libros - no sólo obras de teatro - que nos ofrecen análisis de personajes complejos, redondos, y que nos hablan de las costumbres, los ambientes y un largo, larguísimo etc. Y música, por supuesto.

No es que uno vaya a recibirse en todo, por supuesto, pero alimentar esos conocimientos es el mejor de los caminos para poseer un amplio muestrario de recursos y manterner la imaginación, la inventiva y la sensibilidad aceitadas como el buen instrumento que son.

Ojo, no estamos hablando acá de un conocimiento crítico o analítico. Esas son opciones que pueden sernos últiles puntualmente sólo. No. Nos referimos a un conocimiento casi afectivo, sensorial, un conocimiento que implique el disfrute, la autocrítica, que, en definitiva, nos eduque el paladar y nos ayude a encontrar la aguja perdida en el pajar.

La formación actoral no termina nunca. Va mucho más allá de las escuelas, los talleres, los docentes, los seminarios de especialización... Como suele decirse, el libro del actor es la vida. Llenar ese libro de buenas páginas y componer su subtexto es un trabajo de día a día. Y es responsabilidad de cada uno.

Modigliani


Recomendación de lectura para sumergirse en la vida de los pintores de las primeras vanguardias, allá en el París de principios del ya viejo s. XX, Bohemios, de Dan Franck, (Ollero y Ramos, Madrid, 1999). Se salda en algunas librerías de Corrientes a $5!!!

El capítulo sobre Modigliani es infinitamente más intenso que todos los histrionismos de A. García en la tan fallida película sobre el pintor.

Northern Exposure

Acá dejo una de las escenas más memorables de este clásico televisivo de los 90 con el que, personalmente, siempre estaré en deuda. Os recomiendo encarecidamente toda la serie.



La escena en color y en español está en:
http://www.youtube.com/watch?v=a5FVG4w7Bpk

Pizca teórica básica

"La falsa dicotomía entre final abierto y final cerrado, sustentada por no pocos críticos literarios, basa su ilusoria capacidad explicativa de los textos en la indeterminación de las circunstancias argumentales que se da en tantos desenlaces de la narrativa y el teatro contemporáneo, menguada la equivalencia entre imagen del mundo y mundo ficcional.

Pero es hora ya de enfocar la especificidad del texto dramático, de la que se derivan poderes y peligros también específicos en esa zona ingrávida y fronteriza del final. Zona que, me atrevo a afirmar, compromete el destino de la obra dramática con más severidad, con más rigor que en la novela o en la poesía, incrementando pues la vulnerabilidad del dramaturgo durante el último tramo del camino, aguzando su conciencia del riesgo que comporta cada una de sus decisiones. Y ¿por qué?, sería la primera pregunta que podemos plantearnos.

¿Por qué (...) el final de la obra plantea al autor un cúmulo de responsabilidades aun mayor que las inherentes a otros géneros literarios? Sin duda, por la peculiar naturaleza de la recepción teatral. Es obvio recordar que el proceso de lectura de un texto narrativo, poético o de cualquier otra índole, es gobernado en su ritmo y en sus intensidades, por el propio lector, que en pautada interacción con la obra, en mudo y solitario diálogo con el autor, tras haber escogido las circunstancias idóneas para su experiencia estética, para el acto de la lectura, organiza sus operaciones receptivas con soberana libertad. Al hilo de los estímulos que recibe del texto, en función de su variable legibilidad, el lector se desliza con velocidad controlada por el paisaje verbal que el autor ha diseñado para él (...)
Pero el texto dramático, en cambio (...) nace con vocación de ser representado. Es decir, organiza sus estrategias discursivas para ser trasladado a un universo conflictual y promiscuo: la escena. Y para ser aprehendido, captado, leído, en un cohercitivo proceso receptor. (...) El espectador teatral (...) no puede organizar sus ritmos e intensidades receptivos, sometido como está al tiempo irreversible de la representación. (...) La concretización escénica de la obra dramática (...) reduce sensiblemente la intrínseca polisemia del lenguaje escrito (...) reemplazándola por la contundencia denotativa de los significantes audiovisuales. (...) Este peculiar mecanismo receptivo que la obra dramática presupone está en la base de la desproporcionada trascendencia que el final posee en comparación con el anterior transcurrir del texto. El dramaturgo es más o menos consciente de que en esas últimas páginas, a veces en esas últimas líneas transdormadas en minutos de una todavía hipotética representación, se va a producir el tránsito de la obra al mundo, de la ficción a la realidad. (...) Y puede ocurrir que al atravesar ese umbral, el mundo borre o anule el texto o, por el contrario, que éste se prolongue más o menos en el mundo y lo transforme, lo relativice o atenúe al menos sus rígidos perfiles, sus duras aristas, su falsa evidencia. Si el autor pretende que su obra deje una huella en el mundo, alterando siquiera levemente la conciencia del espectador, sabe que ha de concentrar y desplegar en el final, en el umbral, lo más acendrado de sus poderes demiúrgicos. Pero sabe también que al mismo tiempo, servidor de dos amos, ha de someterse a las leyes de su obra y a los rigores del mundo".

J. Sanchis Sinisterra, "Cinco preguntas sobre el final del texto" en Clases magistrales de teatro contemporáneo, ed. Atauel, Bs. As., 2003, pp. 79 y siguientes.

Tener sentido

no del común,
del otro,
del querer decir algo
importante
o pequeño,
verdadero,
que trascienda,
que te incumba,
que te deje tocado
pero no caído
o sí,
ahogado como nunca,
renovado,
intacto en la belleza,
renacido.

Animalario. El genio implacable.




Abejaruco a lince ibérico.


Ser de derechas.

Burguesía bohemia

¿Se puede ser artista mientras se vive a expensas de los padres? ¿Se es menos artista si mi obra está subsidiada por el Estado? ¿Es compatible la creatividad con la suma total de las facturas que debemos pagar a fin de mes? ¿Cuál es el precio real de nuestro sacrificio? ¿Y cuánto estamos dispuestos a vendernos?

Cada una de esas preguntas nos surmege en debates sangradores, nos oscurece un poco, nos quita el apetito.

A veces se tiene la impresión de que en unos años miraremos hacia atrás y nada de estos días, de estas décadas, nos parecerá nuestro. Una mañana nos cansaremos de navegar contracorriente y nos diremos que, después de todo, no seremos tan buenos, no somos los mejores, no es lo nuestro, no merece la pena tanto esfuerzo para tan poco fruto... Y tendremos razón.

Igual habrá servido. De algún modo, por tenue, vaga y gris que parezca nuestra resistencia periférica, formamos parte de la queja, del rumor de la protesta contra el bramido ignorante, la risa fácil, el palabrerío. Esta molestia, este picor cotidiano, es nuestro granito de arena, nuestro aporte personal para que todo aquel que nos conozca no se olvide de quejarse y duerma mal de vez en cuando.

La muy triste verdad es que el hambre y el frío ya no son sensaciones conocidas por la bohemia insana. Sus dolores son otros, sus pobrezas mayores, perversas, vergonzosas. Y el aplauso, señores, está devaluado, se regala en exceso, pudre todo.

www.feriadellibroindependiente.blogspot.com




No me da la gana

figurar,
andar detrás de vos,
tener que convencerte,
entretener,
decir que muy bonito,
hacerme la simpática,
guardaros el secreto,
tener tanta paciencia,
falsificar sentidos,
saludar

...

Otros monstruos admirables


Los hermanos Oligor son de esos raros genios ensimismados en su mundo. Un mundo al que, por suerte, nos siguen invitando.

Su espectáculo Las tribulaciones de Virginia se nutre de un imaginario tan particular como único.
Hacen funciones muy de vez en cuando. Conviene visitar su página para enterarse de sus próximas apariciones.

Les Éphémères


Los que hemos tenido la suerte de ver esta increíble obra de arte
en cualquier lugar del mundo, compartimos una experiencia inolvidable.







Se podrían decir muchas cosas, pero ninguna significaría demasiado.

La responsabilidad del docente teatral

En esta loca ciudad donde la oferta y demanda de talleres teatrales de todo tipo se multiplica cada día, la posibilidad y el riesgo de encontrarse con un pretendido profesor de teatro que, en el mejor de los casos nos haga perder sólo tiempo y dinero y, en el peor, nos deforme o nos pervierta nuestra sensibilidad y nuestra capacidad de trabajo, son cada vez más abundantes.

Me voy a permitir dar una serie de consejos elementales para todos aquellos entusiastas cursillitas que, como el que busca una aguja en un pajar, están buscando un taller de teatro.

* En primer lugar, conviene tener claro cuál es el tipo de taller que uno precisa. No se trata sólo de tener o no experiencia previa, si no de saber cuáles son nuestras inquietudes personales para relacionarnos con el teatro. No seamos ingenuos. No es lo mismo un taller de principiantes para adolescentes que uno para todas las edades. Y no es lo mismo formar parte de un grupo de iniciados que aspira a relacionarse con el teatro profesionalmente que uno en el que la gente va a pasar un buen rato.

* Pasar un rato divertido está muy bien pero no implica necesariamente que esas clases que nos estén formando como actores.

* Los que ya tienen alguna experiencia deben preguntarse honestamente cuáles son sus lagunas: si hay problemas de lectura, de trabajo de texto, de cultura general, o si me interesa ejercitar algún aspecto específico como el clown, la improvisación, el entrenamiento corporal, la danza, el canto... Todas esas herramientas nos proporcionarán una rica versatilidad.

* Atención: el participar de un taller específico - clown, voz, canto etc. - no implica que uno se limite a eso. Todo lo contrario. Hay que conocer el mayor número de disciplinas posibles para afinar lo que cada una de ellas te proporciona a vos como actor / actriz.

* ¿Sirve de algo conocer el curriculum del profesor? No. Pueden tener una importante carrera actoral y ser muy malos docentes. La pedagogía teatral no es algo intrínseco a la actuación. Hay que saber transmitir los conocimientos. Las clases de teatro no pueden limitarse a la realización de dinámicas. Por otro lado, algunos profesores consiguen mantenerse durante años dando talleres gracias a la ingenuidad y a las pocas exigencias de sus alumnos.

* Motivos para desconfiar de un profesor:

- ¿Habla demasiado? ¿Sobre todo de sí mismo y de sus batallitas en el escenario? ¿Emite unas devoluciones eternas asentadas en confusos criterios que nunca aclara del todo?
- ¿Nunca señala con exactitud los problemas en el trabajo individual?
- ¿No responde a tus preguntas teóricas satisfactoriamente?
- ¿Introduce alguna reflexión sobre otras disciplinas artísticas?
- ¿Plantea ejercicios destinados a "buscar rarezas", "explorar los límites", "generar violencia"? Cuidado, ese tipo de dinámicas son particularmente delicadas si el grupo es de principiantes.
- ¿Grita en exceso? ¿Utiliza el insulto para (des)motivar?
- Por último, y entendiendo que siempre hay admirables excepciones: ¿cuántos años tiene? La juventud, divino tesoro, no siempre resulta la mejor opción.


Cualquiera que se anime a formar parte de un taller teatral debe saber que ahí dentro tendrá una serie de obligaciones para con el grupo de trabajo. Esa conciencia de grupo es, sin duda, algo básico que debe adquirirse desde los primeros años de formación. Poco a poco irá descubriendo que el teatro es una disciplina que abarca muchas facetas de la vida y que exige un alto nivel de compromiso y entrega. Quizá, algún día, entienda eso de que "es un modo de vida".

Estas nociones tan básicas como primordiales están cayendo en el olvido porque muchos supuestos profesores priman su necesidad de económica de mantener un número determinado de alumnos sobre la importancia vital de enseñarles a crear un grupo de trabajo que respeten y del que se sientan no sólo miembros, sino motores, ejes en sí mismos.

Impartir clases de cualquier materia siempre conlleva una gran responsabilidad. El ámbito artístico cuando trabaja directamente con la persona - su cuerpo, sus emociones, su sensibilidad - implica un compromiso aún mayor pues está en manos de los docentes, de los verdaderos maestros, el futuro como profesional de ese alumno. Si no se trabaja con honestidad, dedicación y prestando la suficiente atención individualizada, es muy posible que lo único que se transmita sean temores, vicios, prejuicios, confusión y una idea muy equivocada del ser actor.

Griselda Gambaro

Entrevistada por Angela Pradelli en Radar. 9 de agosto.

www.pagina12.com.ar/diarios/suplementos/libros/10-3520-2009-08-10.html

Dublín


Los actores se enferman cuando no actúan

El actor actúa.
El escritor escribe.
El soñador sueña.

A menudo esas instancias, en el largo camino de la formación, se confunden pero llega un día en que la contundencia de las afirmaciones sirve para separar la paja del trigo.

Tengo la suerte de haber conocido a suficientes buenos actores como para mantener mi respeto y compromiso por el gremio... casi intactos. Algo que los define invariablemente es el hecho de que cuando permanecen mucho tiempo fuera del escenario se enferman o, cuando menos, se marchitan como una planta mal trasplantada.

Existe el gran debate: ¿cuándo es uno actor? ¿Cuándo recibe un título? ¿Cuándo actúa ante un público? ¿Cuándo le pagan? ¿Cuándo le pagan lo suficiente como para mantenerse? ¿Cuándo la mala prensa lo consagra? ¿Cuándo? ¿Qué pasa con un actor que no actúa durante varios años? ¿Se convierte en otra cosa? ¿Qué muere en él? ¿Qué sucede en ese tiempo con su arte y en su vida?

Actores y actrices volcados en la pedagogía teatral se descubren un día llorando porque ya no recuerdan su última función o porque la recuerdan demasiado bien. Y no, definitivamente, todos coinciden en que la energía de las clases es otra, puede ser estupenda, pero no es la misma química que experimentan en escena. El vuelo es diferente.

¿Qué hay en el escenario, esa tierra de nadie, que los transforma así? Todos se han dado cuenta a estas alturas de que ahí, bajo las luces, se ven mucho más jóvenes, interesantes, hasta más altos y más listos. ¿A quién no le ha pasado que al ir a saludar después de la función ya no reconocía a la persona? ¿Dónde quedó la magia? ¿En el baño del maltrecho camarín? No sabemos. Y, sin duda, esa persona que vemos ahí, que nos agradece, se sonroja o se enoja o se escabulle, puede ser alguien digno de interés, pero no, que nos perdonen, no era eso, no lo buscaba a usted en realidad, vine, porque me enamoré del personaje, ¿sabe? Y pensaba que usted lo entendería, pero veo que no.

¿Les suena familiar?

Se enferman si no actúan. Se descubren llorando sin motivo, con un humor terrible, gritándole a un vecino por una tontería, teniendo pesadillas en medio de la noche, mandándose a terapia a ver si los ayudan, prohibiéndole a sus hijos que vayan a una fiesta...
Ojo. También están los otros. Nadie se llame a engaño. Están los que se enferman con el trabajo mismo y algunos, es probable, nunca estuvieron sanos. Pero esa es otra historia.



El arte de la vida

Desde que la deshumanización y la mal entendida democratización del arte lo convirtieron todo en el feo espectáculo mercantil con el que pretenden empacharnos estos días, la divina gracia de ser artista perdió todo su encanto. Acá estamos, jugando a ser actores en nuestro tiempo libre, escribiendo de noche, cuando ya todos duermen, nerviosos y frustrados, llorosos y enputecidamente tristes, sin consuelo.

Sabemos la verdad: este oscuro s.XXI no dejará nada tras de sí que merezca la pena rescatar del olvido. ¿Dónde comprar el optimismo necesario para construir cualquier minucia pensando en un futuro cuando éste se adivina negro como desfile de hormigas?

Nadie va a recordarnos y está bien que así sea. No nos lo merecemos. ¿Entonces? ¿Por qué y para qué este afán insensato que no termina nunca? ¿Esta inquietud por ser y estar en algo que nos ocupe el sueño y, a ser posible, el día?

Prometo una mañana abandonarlo todo, ser alguien de provecho, tener una hipoteca a plazo fijo. Y esa tarde, esa noche, caigo dentro de un libro y me despierto. Y vuelvo a estar jodida y a no tener razón, ni culpa, ni desgana. ¿Dónde se esconde uno de sí mismo?

Las molestias del llanto


No es fácil y no es cosa de todos. Uno llora a escondidas. Cuando no puede más. Cuando el dolor rebalsa. Se entiende pues que los actores consideren el llanto - en vivo y en directo, no las lágrimas de menta y colirio de la tele o el cine - como una meta deseable, como toda una conquista personal. Se entiende, digo.

Pero, gente querida, hay que ser muy honesto, sensible, consecuente con lo que el llanto implica. Por favor, no nos pongan nerviosos con quejidos histriónicos, no giman porque sí, no arruguen más la cara cual limón que exprimieran por si la gota cae... No molesten, no incomoden con sus tontos esfuerzos de hacer como que sí. Si no puede llorar, ¡¡pues no me llore!! ¿Se piensan que uno es tonto? El pacto ficcional no alcanza para tanto y la cuarta pared se desmorona y de este lado, morimos de vergüenza. Sépanlo.

¿Acaso hay muchos textos donde por marcación te pidan lágrimas? Señores directores, ayuden a sus chicos, no los manden al muere, no los expongan tanto. Busquémosle la vuelta a la cuestión del llanto o hagamos ejercicios que ayuden a aflojar lo suficiente, lo justo y necesario.

Convengamos que en muchas ocasiones, con que el actor / actriz entienda al personaje, comulgue con su historia, lo defienda, sepa de qué está hablando, entienda lo que dice y se disponga al juego de estar aquí y ahora, es decir, "se despeine", apueste por lo suyo y se olvide de verse desde afuera, de estar siempre correcto o lucir bien... sería suficiente. No obstante, por desgracia, no todos los actores tienen ese calibre ni esa experiencia en tablas. Mucho cuidado entonces con qué se les propone. Y ustedes, queridos y valientes, actor / actriz en ciernes, o ya con su andadura, ¡no se dejen tentar, defiéndanse! Si no van a llorar, si no saben, no pueden, no importa, de verdad, pero no se engañen y no nos jodan.

El arte es ficción pero no es mentira.

Hablar de las cigüeñas

que ya no saben dónde está París,
y del tiempo de lluvia
cuando el amor se cansa
y no queda paciencia,
y de la mala baba
y la incierta desgana
por casi cada cosa
que nos propone el mundo.

Decir que para qué
tanta deshora,
tanta espuma en la leche,
tanto cigarro en mano
con un frío de muerte
que nos dejaba raros,
ahí, sin happy end.

Protestar por la idiota
primavera,
por la prisa de tantos
y la alergia,
por la estación de tren
abandonada
donde no llorar más.

Decir adiós sabiendo
que mentimos
y hablar de las cigüeñas
como si hiciera mucho
que soñamos con esto,
con esta poca fe
en los atardeceres
de aeropuerto.

Retrato


D. Viñas por María Kusmuk.











Mujercísima,
fotógrafa,
madre,
docente,
acordeonista,
esposa,
amante de la vida y sus placeres,
motor de Dovoie Sestri...

http://www.mariakusmuk.com.ar/

Feria del libro teatral



Ayer se inauguró, un año más, la Feria del libro teatral.

Permanecerá hasta el 16 de agosto.
Lugar: Teatro Cervantes, de miércoles a domingo de 17 a 21hs.
Entrada gratuita.

Podéis ver alguna información sobre las acitividades de estos días en:

www.teatrocervantes.gov.ar

Cuando se cierra una puerta

se van abriendo ventanas con vistas al sur.
Un sur en el que van naciendo nuevas ganas, o quizá sea sólo que se renuevan las de siempre, que volvemos, que algo no termina de apagarse.

Y van naciendo brotes diminutos entre la tierra fría del invierno. Pareciera que el próximo año esté lleno de buenas intenciones y, aunque eso siempre sea peligroso, quizá consigamos que la cosecha valga la pena.

Saludos a las niñas de la lluvia, al chico de los muebles de juguete y al restaurante, a las muy felicísimas mujeres de los guardapolvos, a nuestra actriz sin nombre ni consuelo...

Un día de estos, todos verán la luz.

País desde el recuerdo

Ahora que los olvidos se hacen tan necesarios
como fuera el recuerdo en otro fin del mundo,
y que ya de memoria nos queda poco y nada
y la historia se borra mucho más que se escribe.

Ahora que por la tele nos dicen cómo somos
y estamos siempre lejos de ser nosotros mismos,
y no hay operación si no hay gimnasio,
y la moral, es eso, un árbol que da moras.

Ahora que ya no estamos por la labor famosa
ni hemos salido airosos de ser tan europeos
y todos somos cuotas a plazo hipotecados,
y no alcanza el trabajo para quedarse en casa.

Ahora que no hay remedio para aquello que fuimos
y ni nos planteamos lo que sucederá
porque ya vendrán otros a terminarse el postre,
o, en todo caso el perro, que siempre tiene hambre.

Ahora que ya ni el hábito nos lleva a la costumbre,
ni nos llega a los pies, ni quita el frío,
y los inviernos son pantanos familiares
y el verano un exilio de no se sabe qué.

Ahora que el presidente preside lo previsto
y estamos, como entonces, pagando lo servido
y somos como putas que han hecho mala cama
y no queda café ni mala leche.

Ahora que no hay princesas ni más sapos azules
que nos pongan un piso en plena Castellana,
se hace todo difícil como cuesta de enero,
y todo es tan desgana de cola del INEM.

Ahora que los amores son cosa de imposibles
y los niños no pueden venir ya de París
ni hay espía que valga o falso comunista
para seguirle el rastro al ratoncito Pérez.

Ahora que los idiotas son todos licenciados
que siguen a los treinta en casa de mamá,
y que las feministas han vuelto a sus sostenes
dejando sin cabeza al títere de turno.

Ahora que nace sólo el hijo deseado
cuando ya se ha comprado todito lo demás
y sigue Europa vieja, cansada y aburrida,
y no puede consigo y da penita.

Ahora que las familias son monoparentales
o están hechas de añicos, de restos de naufragio,
pero igual se pelean como la misma sangre
y se roban la herencia y el cacho de chalet.

Ahora que los domingos ni Rita va a la iglesia
porque de Dios se sabe muy poco últimamente
y el chico, hay que decirlo, callado está más guapo,
y de poco nos sirve pensar en el infierno.

Ahora que hay tanta guerra que ya ni pintan mapas
y que vendemos armas a diestros y siniestros,
y que nos va muy bien y ponen bombas
sólo para joder las navidades.

Ahora que las modelos son huesos para el perro
y que en televisión rebuznan sin prudencia
y que, todo se sabe, si siempre son los mismos
y qué vamos a hacerle si es todo lo que hay.

Ahora que quién pudiera. Ahora que da lo mismo.
Ahora que desde ahora nunca será lo mismo.