Sinsentidos

Comer mal y deprisa porque se llega tarde.
Pensar que, a lo mejor, no es para tanto.
Prometer otra vez que ésta la última.
Morirse de vergüenza.
Ajena y de la propia.
Acostarse a las mil todos los días
y no poder dormir.
Saber que no es por plata.
Soñar con que algún día.
Tener que hacer la prensa.
Buscar un traductor.
Pagarte los derechos.
Llegar a fin de mes.
Sentirse un hijoputa.
Saber que siempre falta.
Jurar no repetir.
Volver como si nada.
Dejar de hablar contigo.
Cantar bajo la ducha.
Tomar nota de todo.
Hacer volar un puente.
Estar en facebook.
Hacer como si nada.
Decir que es muy bonito.
Pensar que te detestan
los muchos que te ignoran.
Perder todas las ganas.
Querer ser el primero.
Morirse de la risa.
Escribir para qué.
Para quién.
Escribir porque sí.
Tomar clases de todo.
Marcharse al extranjero.
Abandonar las fiestas.
Comer con la familia.
Quemar todos los barcos.
Llevar ropa a lavar.
Quedarse quieto.
Mojarse porque llueve.
Estar feliz un rato.
Rezar muerto de miedo.
Por eso, por las dudas.

Esta ciudad, París, tiene sus cosas.


Esta ciudad Cortázar,
esta gris primavera de señuelos intactos
y graffitis históricos,
de insensatez por tiempo abandonado.

Esta ciudad buhardilla y cobertizo,
callejón despiadado de un continente anciano,
esta ciudad sombrero de las luces,
atardecer de cuántos centenarios,
milagrosa sonrisa en retirada,
emperatriz de un sueño de conquista
en un metro cincuenta de estatura,
en tierna Notre Dame
de gárgola en su tinta y en su sangre,
de tan dorada luz cuando aparece.
Esta ciudad de leyes y secretos,
de azules principescos y delfines,
de tan acento en qué,
de hermosas Cenicientas que caminan
y encuentran qué decir a media tarde,
tan trémulas las sombras de una infancia
entre tejados serios y palomas idiotas
y ministros de un dios desconocido
que ha llegado hasta aquí.

Esta ciudad castillo que no nos pertenece
ni nos quiere,
y nos hace guardar rotas costumbres
como a una flor de lis fuera de emblema.


Sugerencias

TERCER CUERPO de Claudio Tolcachir.
Sáb. 21 y 22.30. Dom. 19 y 20.30.

PORQUE TODO SUCEDIÓ EN EL BAÑO de Lautaro Perotti.
Viernes 21.30 y 22. 45.

Ambas en Timbre 4. Boedo 640. Reservas en Alternativa Teatral.

AGOSTO de Tracy Letts.
Teatro Lola Membrives. Corrientes 1280.
Funciones de miércoles a domingo.

Y ahora no está en cartel pero no se la pierdan cuando reaparezca: HARINA de Román Podolsky y Carolina Tejeda. Es una experiencia exquisita. Conozcan su trabajo en
www.romanpodolsky.blogspot.com/
www.tejedacarolina.blogspot.com/

memorias de madame Zilensky III




Para seguir en pie, como si nada.

Olvida a tus amigos y parientes
que siempre aplaudirán todas tus gracias.

Concéntrate en tus cosas.
Lo que sea.
Se escribe porque sí,
para escribir,
y hay mundos que leer.

Se pinta porque duele,
igual que hay que tocar
para hacer dedos,
y no alcanzan las horas
ni la vida
cuando hay que hacerlo bien,
mejor que todos ellos,
tus muertos admirados.

No te pienses distinto.
Tu vida es otra vida
malgastada,
y tienes las resacas,
las costumbres,
los miedos, la nostalgia,
las promesas.

Con suerte, por tu bien,
amaste mal.

Toma nota de ti.
Verás que eres igual
a casi todos
y, sin embargo, no.

Y demos gracias.

No quiero más excusas sobre el tiempo

ni sobre la distancia o coyuntura,
entiendo el vil mercado,
la insana telaraña,
la sangría.

No queda ya ni un mártir
al que romperle el lienzo
como si fuera un ala.

¿A quién quemarle un libro
como si te ofendiera?

A lo que vamos:

el arte es esta cosa que nos mata,
porque nos quita el sueño
y nos hace felices y jodidos,
delincuentes sin nombre,
ladrones de jamón y de tabaco.

(No te hagas el idiota,
que sabes de que hablo).

El arte te ha tenido bien pillado
desde antes de saber qué cosa era.
Llorabas como un tonto
por demasiadas cosas,
tu vida era más trágica
que la de casi todos
y, no es una ventaja,
y es muy feo,
pero esa es la manera
o su sustento.

A lo que vamos, pues.

Primera condición de nuestro casting:
Tragedias personales en la vida.
¿A qué suena fatal?
Pues es peor.
Igual, madúralo,
por si te sirve.

Aquí admiramos mucho a mucho muerto.
Muertos que son famosos a esta altura
del torpe calendario,
muertos de hambre en su tiempo,
y de tristeza y frío,
de cierto frío feo
que no se va con nada,
no se quita.

Así que así es la cosa:
tragedias personales en la vida
como causa o motivo de tu pena,
de tus ganas de estar o ser distinto,
razón de tus maneras y tu hambre,
de tus ganas de hacer, matar, matarte.

No sirven fingimientos o tristuras.
Nombramos cosas serias:
qué te pasó de crío,
qué hacías en la noche,
dónde perdiste el tren,
quién no te amó,
cuántos padres tuviste,
cuál se fue,
quién no te hizo feliz,
qué más te duele,
cuántas veces pensaste que no sirve de nada
y sin embargo,
quién se murió por ti,
por quién lloraste,
cuánto odiaste y a quién,
cuánto has pensado en mí,
es decir,
en cualquiera que no se te parezca,
en todos los extraños perdidos cada día,
en los niños soldado de tanta puta guerra,
en las monjas que rezan como si hicieran bien,
en todos los que nunca, los que no, los que nadie.

Cuántas veces, pregunto, te miras al espejo
sabiéndote culpable de todas esas mierdas
de las que nada sabes o callas demasiado,
y se te parte el alma,
y te quieres morir o emborracharte,
o marcharte muy lejos,
afuera de los mapas.

Decimos, cuántas veces has ido a los museos
y has llorado,
con ganas de incendiarlos, de escupir,
y cuántas otras no,
y has sentido ser uno entre tus pares,
ser casi buena gente,
tan hijo de un retraso,
y has llorado de pena
por el mundo, por ti,
y tantos otros muchos,
que como tú cayeron y callaron
y nunca serán vistos ni escuchados,
ni entendidos jamás, ni recordados,
ni estudiados por niños en las clases
después de otros cien años de mentiras.

Si algo de todo esto,
si un trago del brebaje ya has tomado,
y te ha sentado mal
y estás jodido,
entonces,
bienvenido,
es muy probable
que vayas a morir solo y muy pobre,
olvidado de todos y de ti,
sin un nombre o aplauso en tu camino,
pero feliz,
culpable,
consecuente.

La vida es todo un arte
y nos devora.

memorias de madame Zilensky II











memorias de madame Zilensky I







Yo pensaba

que la facultad era un mundo para gente inteligente y con dinero.
Que la vida comenzaba a los 19.
Que me casaría con un viejo millonario antes de cumplir los 30.
Que viajaría por acá y por allá.
Que no llegaría a vieja.
Que mala hierba nunca muere.
Que no sabía hacer nada en la vida.
Que no volvería a enamorarme.
Que ser adulto era otra cosa.
Que nunca tendría hijos.
Que mi humor y mi cordura dependían de la tele.
Que la amistad es para siempre.
Que hay gente que no te falla nunca.
Que quería actuar.
Que quería escribir.
Que quería ser profe de algo.
Que nunca daría clases.
Que las familias sólo traen problemas.
Que no soy lo bastante buena para.
Que algún día te olvidaría.

Es decir,
me pude equivocar en casi todo
y, sin embargo,
insisto.

Ese mismo lugar tiene otras cosas

Tiene auténticos devotos del teatro, figuras entrañables, competentes, brillantes, comprometidas con la pedagogía y la ética - tan indispensables como ignoradas casi siempre -. No sólo eso. Hay gente que trabaja sin horarios, sin cobrar, sin armar lío, sólo para tener su propio espacio donde seguir sembrando, un dos por cuatro donde plantar jardín.

Y hay más de una, de dos, ¿de tres? compañías a las que admiro y respeto, de cuyos éxitos me alegro como si fuera todos hijos míos.

Ellos son la esperanza. No de que cambien las cosas, porque eso no le interesa a casi nadie, pero sí de que siga entrando luz, que se abran más rendijas, en ese cascarón que es el país... de cuyo nombre no quiero acordarme.

Vengo yo de un lugar

donde ser actor o actriz sigue siendo tan raro como siempre. Es una vocación extravagante que no da de comer y pone muy nerviosos a los padres. Y a las madres también. Así que si eres actor, la gente te responde, ya, pero qué más. Porque el actor no vive, es decir, no consume, lo justo y necesario en estos días, así que has de ejercer de camarero, taxista o comercial. ¿O acaso te mantienen tus papás? Suele pasar que sí. Honrosas excepciones. Mis respetos.

Vengo yo de un lugar donde el teatro es una cosa muerta y aburrida a la que nadie va. Algo de "antiguamente", del s.XVIII, de patio de comedia, recitado ampuloso, gestos raros... Y eso sí, lindas fotos. Hay hermosas imágenes de obras insufribles, quizá esperando que si llena el ojo, el cerebro no juzgue, la gente no se enoje. Igual se va a dormir pero no importa.

Vengo yo de un lugar donde escuché algún día decir a un "director" que si tuviera que trabajar por la taquilla, no lo haría, queriendo así aclarar, que eran las subvenciones, los subsidios, su forma de comer, robar y castigarnos. Son muchos los señores directores de esta calaña infame en ciertos pagos.

Vengo yo de un lugar donde muy poca gente concibe el imposible. Donde todo se da ya por sentado. Donde descansan bien e importa poco que se diviertan sólo los que saben. Con suerte, los que quieren. Y siempre, los que pueden.

Hace ya algunos años

decidí perseguir el horizonte y llegué a Buenos Aires. Aquí sigo. Exilio voluntario en el que cada tanto extraño alguna cosa y, sobre todo, nostalgio ciertos nombres, cierta gente, a la que quise y quiero, como todos. Por lo demás, sé que estoy donde debo.

Me vine acá por eso del teatro. Porque siempre sufrí su enfermedad. Sarna con gusto, claro. Allá en agosto del 2002 - ¡cuánto nos ha llovido! - crucé el charco por primera vez y conocí un teatro diferente al de mi pobre casa. Un teatro que, todo hay que decirlo, ya no existe. Era una cosa viva, un animal extraño, curioso, distraído, con buenas intenciones, modesto casi siempre, cabía en cualquier patio, en un salón chiquito... Se pasaba muy bien y se aprendía tanto... ¿Alguno lo recuerda? Después, como sabemos, hubo una gran catástrofe indenciaria y, a corto y largo plazo, todos fuimos sus víctimas. Ya no nos dejan ser o estar donde se quiera y hay mucho reglamento y paradoja y ganas de joder y complicarnos. Veremos si nos queda alguna sala chica en la que refugiarnos después de la tormenta.

Que no se engañe nadie: no sólo la maldita burocracia nos amargó la fiesta. Hay otros tantos bichos: llegaron los de prensa con sus inciertas ganas de apoyarnos, los críticos de pega, la desgana, y esas muestras de escuela que se empeñan en ser un poco más y prolongan su vida de un modo innecesario y obsesivo. Y llegaron también, qué cosa rara, demasiados subsidios. A veces es posible, como todos sabemos. España es un ejemplo lamentable del arte subsidiado hasta el hartazgo, y yo, que tanto me quejaba y comparaba, para alagar, por fin, lo que acá había, tropiezo con el mismo pelo en sopa. Qué le vamos a hacer. Otros dirán que no, que nunca es suficiente, que falta todavía, y yo diré que sí, que tienen sus razones, y yo tengo las mías.

Cansada del aplauso

Suficiente.
Basta de palmaditas en la espalda.
De aplausos cumplidores.
De halagos mentirosos.
De empalague.
Basta de tanto empacho.
De hacer como si nada.
De tanto decir sí.
De perdonarlo todo.

Me aburrí.
Y ustedes me molestan.